Colapso de la concentración y el pensamiento

  • Prospectivas
  • Carlos Iván Moreno Arellano

Jalisco /

Hace diez años, en Deep Work, Cal Newport advertía que la capacidad de concentrarse profundamente –de pensar en serio– no solo se estaba erosionando, sino que se estaba volviendo excepcional. Aún no existía ChatGPT.

Hoy, a apenas tres años de la explosión de la IA generativa, el colapso de la concentración está sucediendo. La paradoja es evidente: mientras más información, menos análisis y síntesis. Mientras más complejidad, menos pensamiento profundo. La IA está sustituyendo el esfuerzo cognitivo. Hacer buenos prompts reemplaza al pensamiento crítico. Y eso, para la universidad, es amenaza existencial.

Durante siglos, la universidad fue un espacio deliberadamente incómodo. Leer textos largos. Escribir sin certezas, argumentar, dudar, pensar. Ese esfuerzo se ha vuelto opcional. Delegable. Y se está delegando al algoritmo.

Lo escribí en Volver al trívium: la universidad no nació para producir respuestas, sino para formar juicio. Gramática para comprender, lógica para discernir, retórica para persuadir. Tres habilidades que requieren tiempo, fricción, esfuerzo. Incompatibles con la automatización del pensamiento.

En Deep Work, Newport definía el núcleo de esa capacidad: concentrarse sin distracción en tareas cognitivamente exigentes. Esa era, en el fondo, la promesa universitaria. Pero estamos fallando. La evidencia se acumula: estudiantes que reconocen que desde que usan IA piensan menos por sí mismos. No es flojera, es adaptación.

El problema es pedagógico y de gobernanza: hemos construido un modelo educativo y organizacional donde el resultado importa más que el proceso. Un sistema que glorificó al examen estandarizado y al ensayo, por sobre el pensamiento, la creatividad y el argumento.

El dilema es complejo. Si la universidad responde prohibiendo la tecnología, pierde. Si se adapta reduciendo el esfuerzo, también pierde. La salida es más exigente: rediseñar la experiencia educativa para que el pensamiento no sea opcional. Menos tareas automatizables y menos exámenes estandarizados. Más escritura en vivo, discusión y argumentación. Más incomodidad intelectual.

Nos acercamos a una realidad distópica, una nueva desigualdad: el pensamiento profundo y la creatividad como privilegio de pocos. Y que las masas dependan del ChatGPT.


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