M+.- La frivolidad del poder se desbordó estos días con al menos tres acontecimientos que exhiben la creciente desvergüenza en las filas y filias del morenato:
El secretario técnico de la Mesa Directiva del Senado, Daniel Andrés Sibaja González, tuvo la estúpida ocurrencia de solicitar al secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, para los 13 legisladores que integran esa instancia legislativa el uso del Salón de Protocolo que la cancillería tiene en el Aeropuerto Internacional de Ciudad de México para uso exclusivo de diplomáticos.
La misiva está fechada el 5 de octubre y gracias a la senadora Claudia Anaya, del PRI, conocemos el abusivo y estulto contenido.
Dice la legisladora que los senadores morenistas “están ávidos de privilegios en los aeropuertos”, lo que hace juego con el papelazo que protagonizó la senadora Malú Micher, quien por habérsele negado acceso a la sala vip de Aeroméxico, exigió que la aerolínea explique sus razones… ¡en el Senado!
“Ellos mandan, yo no pedí nada”, escribió Anaya, refiriéndose a los morenistas de la Mesa Directiva, a quienes conoce bien, porque forma parte de la misma.
La carta lleva el logotipo del Senado, está pésimamente escrita y ––además de errores mecanográficos y tergiversación de nombres y apellidos–– contiene la mayoría de nombres de los 13 legisladores de todos los partidos que componen la Mesa Directiva.
Al canciller le solicita “su valiosa intervención para que, por conducto de las instancias competentes, se otorguen las facilidades necesarias para el acceso y uso del Salón de Protocolo en el Aeropuerto Internacional de la (sic) Ciudad de México, en beneficio de las legisladoras y legisladores que, con motivo de la celebración de sesiones en esta cámara, requieren realizar traslados aéreos”. La petición “tiene como finalidad facilitar el cumplimiento de sus responsabilidades parlamentarias, así como contribuir a una adecuada coordinación y organización de sus desplazamientos, en atención a las actividades institucionales inherentes al ejercicio de sus funciones legislativas”.
Por fortuna el presidente del Senado, Higinio Martínez, responsabilizó al inexplicable secretario técnico de haber actuado “por cuenta propia y sin acuerdo de este órgano de gobierno”, pese a lo cual, parece, el lambiscón con iniciativa seguirá en el puesto.
¿Y qué tal el sospechosismo con Guadalupe Taddei?
Arropada por sólo cuatro de sus restantes 10 pares del Consejo General del Instituto Nacional Electoral, la consejera presidenta ofreció una decepcionante “conferencia de prensa” en la que no quiso responder preguntas acerca de su probable turbia o ilegal conducta en una institución que debiera rechinar de limpia en materia de transparencia.
Si no anunciar su renuncia ––en pleno proceso electoral––, debió siquiera intentar desmantelar los graves señalamientos de que está siendo sujeta, como de manera por demás respetuosa y sensata se lo sugieren los consejeros Claudia Humphrey y Arturo Castillo...