Hay suficientes evidencias, videos, documentos, filtraciones, como para poder apostar a que la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, ha aprovechado su posición y su poder de decisión para su beneficio. Sean autos, choferes o viajes para su hijo.
Y no solo es lo que ha salido a la luz en medios.
La Auditoría Superior de la Federación dijo con claridad que: “A la fecha, ya se cuenta con elementos e indicios relacionados con irregularidades en diversas contrataciones, posibles conflictos de interés, colusiones y triangulación de recursos”.
Todo lo que hoy conocemos no ha hecho más que enlodar, y en serio, a una institución que desde hace mucho era una cosa extraña en el país. Una institución en la que se confiaba. La institución que no solo organiza elecciones en las que todos podemos votar y que ha hecho triunfar en lo nacional y en lo local a candidatos y partidos de todos los colores y sabores desde su creación. La institución que nos da nuestra identificación oficial para cualquier trámite, es la que también cada noche electoral nos anuncia cómo va la cosa y dos días después lo confirma. En un país en el que no muchas cosas han funcionado desde hace un rato, el INE hasta hace poco funcionaba. El lío de ayer con lo del comunicado de renuncia de Taddei confirma que eso de “funcionar” ya no es lo suyo.
¿Cómo y cuándo se recuperará esa confianza, si es que eso es posible? Vaya usted a saber, no será sencillo.
Que un funcionario público aproveche su posición para hacerse favores —a veces pequeños, a veces enormes— es viejo en México. Es, digámoslo, casi la costumbre. Pero tal vez si esto no se ha terminado, si sigue aumentando con todo y un partido o movimiento que dijo que terminar con la corrupción era su objetivo más anhelado, es por la otra parte de estos escándalos: la impunidad.
Se acumulan los funcionarios o exfuncionarios de primer nivel que alguna vez sirvieron al régimen y que, denunciados, renuncian y siguen viviendo tranquilos.
¿Qué sigue para el INE?, ¿qué sigue para Taddei?
No soy muy optimista.