Morena está clavada en su proceso para elegir quiénes serán sus candidatas y candidatos rumbo a las elecciones de 2027 cuando se renovarán más de la mitad de las gubernaturas, más miles de municipios y cámaras, locales y la federal.
Dicen que ahora van a cuidar y revisar con lupa –ajá— los antecedentes e historiales de cada uno de los que se han apuntado y que en muchos estados, como lo escribí por acá hace unos días, tienen casi la certeza de que serán gobernadores gracias a la popularidad de Morena.
Pero en esto de la política, más aún cuando se trata de partidos dominantes, más que revisiones que vaya usted a saber cómo se hagan, importan los ejemplos.
La Presidenta tuvo, tiene, la oportunidad de haber puesto un ejemplo de qué candidatos quiere y cuáles no. Por alguna razón –usted, lector, especule– no lo hizo.
Desde antes que ella llegara a la Presidencia, Rubén Rocha Moya ya estaba en un lío. No sólo la prensa y organizaciones habían documentado la ayuda de grupos criminales en su campaña y el día de la votación que lo hizo gobernador, el mismo Mayo Zambada lo había involucrado con los cárteles, su fiscalía había inventado el lugar de un homicidio –farsa documentada por la propia Fiscalía General de la República– y, por si fuera poco, Estados Unidos lo acusa y pide que sea detenido para decidir si puede ser extraditado.
Nada.
Más de cien días y, eso sí, dos exgobernadores son detenidos en el mismo lapso pero no el de Morena. “No nos han mandado pruebas”, repiten hasta el cansancio, pero ellos tampoco las encuentran… ni las buscan.
Un buen mensaje de no impunidad se ha cambiado por el de: si te subes al barco, acá estarás tranquilo.
Pienso, por ejemplo, en Michoacán.
Un estado hace mucho tomado por los grupos criminales desde cualquier perspectiva. Basta ver lo que sucedió la semana pasada con los aguacates, cientos de tropas federales que tranquilizaron a los americanos, pero no a los michoacanos.
Allá hay elecciones el próximo año. El promedio de encuestas sigue dando amplia ventaja a Morena y, si todo sucede como en las últimas décadas, los muchos grupos criminales de la entidad meterán la mano porque ya vieron Sinaloa. Si van con el logotipo adecuado, nada o muy poco les sucederá.
Claro, aún hay tiempo. Pero no se ve claro que haya voluntad.