Todo arranca con un evento al que asisten el embajador de Estados Unidos en México, el gobernador y otras autoridades estatales, varios miembros del equipo de seguridad del gobierno federal (subrayo federal), se pone una primera piedra para una construcción.
En la mañanera del lunes le hacen una pregunta —ojo, viene de una “pregunta”— sobre lo que dice López Obrador en su nuevo libro del embajador, a quien califica de “excitado y entrometido policía”.
La Presidenta, vaya usted a saber por qué, se acuerda del evento en Querétaro: “El día de ayer, o antier, no recuerdo, en el estado de Querétaro, el gobernador invitó al embajador de Estados Unidos a poner la primera piedra de una academia internacional de capacitación de policía. No invitaron a la Defensa, no invitaron al Gabinete de Seguridad federal, no invitaron a la Secretaría de Relaciones Exteriores; se invitó al embajador de Estados Unidos”.
No mucho más tarde nos enteramos: en el evento sí había representación de la Guardia Nacional, la Fiscalía General de la República y el Ejército mexicano. Y que el gobierno de Querétaro había avisado a la Secretaría de Relaciones Exteriores de lo que iba a suceder y de la presencia del embajador. Es más: decía el aviso a la cancillería que la visita tendría “efectos protocolarios y no implica, de ninguna forma, el establecimiento de mecanismos directos de cooperación internacional en materia de seguridad o procuración de justicia”.
Todo mal en la oficina de la Presidencia.
Tanto la SRE como la Presidenta quisieron responder con tecnicismos y más reclamos, pero el oso estaba hecho.
Hace tiempo que va quedando claro que la Presidenta tiene un problema con quién le provee de información y cómo se la proveen antes de llegar a las mañaneras. Pero no es el único problema. La Presidenta, siempre en campaña, tiene siempre ganas, le gusta pelear. Contra la oposición, los periodistas del país o el medio que sea, los académicos e intelectuales que no repiten lo que ella cree.
Vivimos en tiempos de enorme polarización, pero ella es la Presidenta de un país.