Cuba en crisis

Ciudad de México /

Las cosas no siempre fueron así. En la década de los setenta, la economía de Cuba siguió una evolución más o menos similar al promedio de las economías del resto de América Latina y el Caribe. Durante los ochenta, de hecho, su evolución fue incluso superior a la del promedio del continente. Eran los tiempos de las legendarias recepciones —acompañadas por caviar y langosta, y también por habanos y mojitos— que ofrecía a sus huéspedes el comandante en jefe de la Revolución. Cuba estuvo en el centro de la historia en los sesenta, tras el triunfo del Ejército Rebelde; en los setenta, con el liderazgo del Movimiento de Países No Alineados; en los ochenta, al convertir la crisis de la deuda externa en un poderoso instrumento político para recuperar el liderazgo del Tercer Mundo. Todo cambió de golpe al inicio de los noventa, con el colapso y la desintegración de la URSS, su desmerengamiento, como lo llamó Fidel.

Cuba recibía de los soviéticos un subsidio que superaba los mil 300 millones de dólares al año. Los cubanos les exportaban 63 por ciento de su azúcar, 73 por ciento de su níquel y 95 por ciento de sus cítricos, y les importaban, a precios muy bajos, 63 por ciento de sus alimentos, 74 por ciento de sus manufacturas y 98 por ciento de sus combustibles. Abandonada por sus socios, aislada, la economía del país apareció como lo que era: pequeña, obsoleta, dependiente del exterior, incapaz de producir o de comprar el alimento necesario para dar de comer a su población. Sin apoyo de Moscú, aislada de Europa, cercada por Washington, la Revolución Cubana regresó de nuevo entonces, no ya desde una posición de fuerza sino de debilidad, a su entorno natural, Latinoamérica.

El presidente Carlos Salinas aprovechó la ocasión para llevar inversionistas a la isla, y de paso acrecentar en ella la influencia de México. Pemex refinó petróleo en la central de Cienfuegos; Cemex reestructuró la cementera de Mariel; Vitro construyó una planta de producción de plásticos; Domos invirtió para modernizar el sistema de telecomunicaciones. La relación de México con Cuba decayó tras el desencuentro de Fidel con los presidentes Zedillo y Fox. Pero surgió Venezuela como tabla de salvación, con Hugo Chávez. Caracas suministró más de la mitad del petróleo de la isla, concedió préstamos por miles de millones de dólares y financió grandes proyectos de infraestructura, a cambio de contar con médicos, maestros y asesores de inteligencia cubanos. No fue suficiente para levantar la economía de Cuba. En 2020, frente a la pandemia, La Habana impuso un confinamiento largo y estricto, que devastó el turismo: hoy están en ruinas los hoteles del malecón, entre ellos El Riviera. Pero protestar no era posible: los que expresaron su descontento en 2021 sufren hoy condenas de veinte años de prisión. La situación es desesperada, desde hace meses. La gente busca qué comer entre la basura. Las centrales eléctricas que generan electricidad permanecen inactivas. Las aerolíneas no tienen queroseno para sus aviones. La basura se acumula en las calles porque los camiones de recolección carecen de combustible para recogerla. El temor del brote de epidemias y la propagación del hambre es real. No sabemos qué ocurrirá antes, si el derrumbe del régimen o el colapso de la sociedad.


  • Carlos Tello Díaz
  • Narrador, ensayista y cronista. Estudió Filosofía y Letras en el Balliol College de la Universidad de Oxford, y Relaciones Internacionales en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Ha sido investigador y profesor en las universidades de Cambridge (1998), Harvard (2000) y La Sorbona. Obtuvo el Egerton Prize 1979 y la Medalla Alonso de León al Mérito Histórico. Premio Mazatlán de Literatura 2016 por Porfirio Díaz, su vida y su tiempo / Escribe todos los miércoles jueves su columna Carta de viaje
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