El año de 2019 ha sido declarado, por actual gobierno, Año del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata. ¿Cuál Zapata?, preguntaba en estas páginas Héctor Aguilar Camín. ¿El campesino de villa de Ayala? ¿El caballerango del yerno de don Porfirio? ¿El rebelde que proclama el Plan de Ayala contra Francisco I. Madero? ¿El caudillo que muere asesinado en 1919, tras una traición de Carranza? Hay, en efecto, muchos Zapatas. Quiero dedicar estas líneas al que sin duda es el menos conocido de todos, el primero: el campesino de villa de Ayala.
En 1990, el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) emitió la convocatoria para el Premio Salvador Azuela a trabajos inéditos sobre la Revolución. Entre los miembros del jurado estaban Gastón García Cantú, Álvaro Matute, Santiago Portilla, Teresa Franco y Fausto Zerón-Medina. Fue gracias a Fausto que conocí uno de los trabajos que ganaron el concurso, “El compadre don Emiliano”, escrito por Herlinda Barrientos, que apareció en el libro Con Zapata y Villa: tres relatos testimoniales, publicado por el INEHRM en1991. Doña Herlinda, nacida en 1901, era hija de Laureano Barrientos, amigo de Emiliano Zapata, su compadre, con quien trabajaba en la hacienda de Atlihuayán. Barrientos murió a fines de 1908, a causa de una herida que sufrió en una emboscada. Su viuda trabajó por un tiempo en la hacienda de San José Teruel, hasta que pudo reunir el dinero necesario para pagar sus pasajes de tren a Cuautla, donde alquiló a un arriero dos caballos para llegar con sus hijos a la villa de Ayala. Iba en busca de su comadre, Inesita, la mujer de su compadre, Emiliano, quien no trabajaba ya en Atlihuayán, la hacienda de Pablo Escandón, el hombre que entonces estaba a punto de asumir el gobierno de Morelos. Los Zapata los acogieron en su casa.
¿Cómo era el compadre don Emiliano? “Era un hombre de estatura regular tirando a alto, de complexión también regular”, lo recuerda Herlinda Barrientos, entonces una niña de 7 años. “Tenía la voz clara y fuerte aun cuando era más bien callado; era muy sano, pues nunca recuerdo haberlo visto encamado o enfermo”. ¿Y cómo iba vestido? “Cuando trabajaba en el campo vestía de manta blanca, sombrero de palma y huarache de correa, pero cuando iba a Cuautla o a Cuernavaca a tratar algún asunto o de visita con sus amistades, se vestía de charro con sus pantalones de raya ancha”, dice. “En esas ocasiones partía de la casa fumándose un puro y sobre su caballo colorado ensillado con una montura nueva que tenía bordadas con hilo de plata, es decir, piteada, sus iniciales”. Herlinda Barrientos recuerda también la casa de su padrino, que tenía el suelo de tierra. En esa casa, Zapata tenía, “junto a su cama y pegada a la pared, una mesa bajita sobre la que estaba una caja de cedro barnizada de oscuro donde guardaba su ropa”. La casa era pequeña, por lo que ese lugar tenía varias funciones. “Don Emiliano comía en la mesita chica de patas cortas sobre la caja de cedro en que guardaba su ropa; encima de esta su esposa le colocaba como mantel una servilleta blanquísima (…) Todos los demás comíamos cerca de él, sentados en el suelo sobre un petate”. Poco después, impuesto Escandón en el gobierno de Morelos, el compadre don Emiliano encabezó una revuelta, con el nombre ya del general Zapata.
Investigador de la UNAM (Cialc)
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