Terremotos

Ciudad de México /
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América Latina es una región expuesta a terremotos por su ubicación geográfica, cercana a placas tectónicas en movimiento. Este 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7.4 abatió a Colombia. Un par de meses antes, en junio, otro similar destruyó Venezuela. En 2017, nosotros mismos sufrimos uno demoledor, aquí en México. En 2010, un movimiento de tierra destruyó la capital de Haití. A diferencia de otras catástrofes naturales, como los huracanes, las inundaciones o los incendios, los temblores golpean sin avisar.

El 20 de febrero de 1835 un terremoto destruyó por completo la ciudad de Concepción y el puerto de Talcuhano, en Chile. El joven biólogo Charles Darwin, entonces en la costa de América del Sur, dejó un testimonio de aquella tragedia en su diario de viaje a bordo del Beagle. Darwin había leído a varios autores que evocaban en sus libros la devastación provocada por la naturaleza, entre ellos Daniel Defoe, autor del relato más estremecedor sobre una tragedia no causada por el hombre, la de la gran plaga en Londres. Su propia reacción ante la tragedia que le tocó vivir fue ambigua, pues él mismo estaba interesado en los terremotos desde un punto de vista científico. El 22 de febrero llegó al lugar de los hechos, al sur de Chile. “Ambos poblados presentaban el más terrible aunque interesante espectáculo que jamás había visto”, escribió. “En Concepción, cada casa o grupo de casas parecía un montón de ruinas, pero en Talcuhano, debido a la gran ola que siguió al terremoto, no era posible distinguir mucho más que una hilera de ladrillos, tejas y tablas, y aquí y allá los restos de una pared de pie. Por esta circunstancia, Concepción, a pesar de no estar tan completamente desolada, provocaba una impresión aún más terrible”. Darwin reflexionó sobre la naturaleza de esa tragedia. “Los terremotos son, por sí mismos, suficientes para destruir la prosperidad de cualquier país”, dijo, y trató de imaginar lo que podría sufrir con ellos su país, Inglaterra. “¿Qué sucedería con las nobles casas, las abarrotadas ciudades, las grandes fábricas, los hermosos edificios públicos y privados? Inglaterra quedaría hundida en la ruina… Su gobierno sería incapaz de colectar los impuestos y mantener la autoridad, y la violencia y la rapiña estallarían sin control, y en todas las ciudades habría hambrunas, seguidas por epidemias y muerte”.

La historia demuestra que las ciudades ricas son capaces de sufrir los terremotos de una forma muy distinta a las ciudades pobres. Porque los terremotos, justamente, no son por sí mismos suficientes para destruir una ciudad. Hace falta que coincidan con la pobreza. Puerto Príncipe tiene 2 millones de habitantes, la mayoría de los cuales vive en barracas con techo de cartón o de lámina, suspendidas a las laderas empinadas y erosionadas que rodean la capital. Murieron cerca de 300 mil personas en el terremoto de 2010. En Colombia, el terremoto tuvo su epicentro al oeste del país, en la región de Chocó y el valle del Cauca. El Chocó es el estado más pobre del país, con una población afroamericana (75 por ciento) e indígena (13 por ciento). El Cauca es una región más próspera, su capital es Cali. En el Chocó apenas tres personas fueron rescatadas, dos de las cuales murieron. En el Cauca, 86 personas han sido salvadas por quipos especiales enviados desde Bogotá.


  • Carlos Tello Díaz
  • Narrador, ensayista y cronista. Estudió Filosofía y Letras en el Balliol College de la Universidad de Oxford, y Relaciones Internacionales en el Trinity College de la Universidad de Cambridge. Ha sido investigador y profesor en las universidades de Cambridge (1998), Harvard (2000) y La Sorbona. Obtuvo el Egerton Prize 1979 y la Medalla Alonso de León al Mérito Histórico. Premio Mazatlán de Literatura 2016 por Porfirio Díaz, su vida y su tiempo / Escribe todos los miércoles jueves su columna Carta de viaje
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