Las Chivas de Milito

Puebla /

Podemos decirlo ya: el Guadalajara de Gabriel Milito es un equipo de autor, el Rebaño Sagrado tiene la impronta del técnico argentino. El chiverío tiene fibra y estilo, una identidad que combina la esencia mexicanísima las Chivas Rayadas y la reciedumbre de su estratega.

Con titulares o suplentes, de local o de visita y lo mismo en la fase regular que en la liguilla, el conjunto tapatío mantiene su sello. En una liga tan inconsistente eso es un auténtico milagro, sobre todo considerando las limitantes a las que se somete el Guadalajara con sólo mexicanos.

Milito llegó a Guadalajara con una idea muy clara y poco a poco convenció a todos de seguirla. El equipo rojiblanco presiona alto, juega con valentía, intenta salir limpio desde atrás y asume riesgos incluso cuando el partido parece pedir otra cosa. Eso habla de trabajo, pero también de personalidad.

Durante muchos años las Chivas parecían condenadas a vivir únicamente de su historia. El discurso institucional, la grandeza histórica y la presión de una afición gigantesca alcanzaban para vender ilusión, pero no necesariamente para competir. El Guadalajara cambiaba entrenadores constantemente, modificaba proyectos cada semestre y terminaba atrapado entre la nostalgia y la urgencia. Hoy, por primera vez en mucho tiempo, parece existir una dirección clara.

Milito entendió algo fundamental: las Chivas no pueden copiarle a nadie. El Guadalajara necesita encontrar su propia versión competitiva y potenciarla. El argentino ha logrado que futbolistas que parecían estancados recuperen nivel y confianza. Hay jóvenes que hoy compiten sin miedo y veteranos que volvieron a sentirse importantes dentro de la estructura rojiblanca.

Y eso tiene todavía más mérito en una época donde el futbol mexicano parece construido para los proyectos de corto plazo. En la Liga MX abundan los equipos reactivos, los técnicos pragmáticos y las directivas que se desesperan tras dos malos resultados. El Guadalajara, en cambio, apostó por sostener una idea y ahora empieza a recoger frutos.

Además, el estilo del Guadalajara conecta emocionalmente con su gente. La tribuna vuelve a reconocerse en el equipo. Hay intensidad, orgullo, agresividad deportiva y un sentido de pertenencia que hace tiempo no aparecía de forma tan constante.

También hay un detalle importante: el Rebaño dejó de depender exclusivamente de individualidades. Antes todo pasaba por un futbolista distinto cada torneo; hoy el funcionamiento colectivo sostiene al equipo. Se nota en la presión coordinada, en las coberturas, en la manera en que todos participan con y sin balón. Esa es quizá la mayor victoria de Gabriel Milito.

Falta camino, por supuesto. En el futbol mexicano ningún proyecto está realmente consolidado hasta traducirse en títulos. La exigencia de las Chivas siempre será levantar campeonatos y competir de forma permanente, empero, incluso antes de pensar en trofeos, el Guadalajara ya recuperó algo que parecía perdido: identidad.

El Guadalajara de Milito podrá ganar o perder, pero ya consiguió algo muy difícil: que todos sepamos exactamente a qué juega y qué quiere representar dentro de la cancha.


  • David Badillo
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