La isla de los transistores

Laguna /

En mis mapas escolares, Taiwan parecía una pequeña pieza de tierra flotando frente a China, casi imperceptible. 

Una isla más entre tantas que aparecen desperdigadas en el océano. Pero, Taiwán se ha convertido en una especie de bisagra emocional, tecnológica y militar del planeta.

Esta semana, mientras Donald Trump visitaba Beijing y estrechaba la mano de Xi Jinping, el nombre de Taiwán volvió a aparecer como una sombra detrás de cada fotografía diplomática. 

Como esos temas familiares que nadie menciona directamente porque todos saben que pueden terminar en una pelea.

Resulta extraña la fragilidad del mundo. Durante décadas nos hicieron creer, o elegimos creer, en un orden mundial basado en la democracia, los derechos humanos o el libre mercado. 

Sin embargo, basta observar con detenimiento para descubrir que buena parte de nuestra vida cotidiana depende hoy de una isla cuya existencia política sigue siendo discutida.

¿Qué ocurre cuando la sociedad organiza su estabilidad emocional alrededor de objetos que no controla realmente?

Los teléfonos móviles, los automóviles, los sistemas de inteligencia artificial, los satélites, las computadoras. 

Gran parte de la tecnología que organiza nuestra vida emocional y económica depende de los semiconductores fabricados en Taiwán que hacen funcionar a los transistores de todos nuestros aparatos “inteligentes”.

Vivimos rodeados de objetos que parecen autónomos, inmediatos, naturales. Tocamos una pantalla y esperamos que el mundo responda. 

Pero rara vez pensamos en las rutas marítimas, las tensiones militares o las negociaciones diplomáticas necesarias para que ese pequeño gesto cotidiano sea posible.

El conflicto por Taiwán no sólo habla de China y Estados Unidos. También habla de nosotros, de nuestra necesidad de inmediatez, de nuestra dependencia tecnológica, de la forma en que el consumo nos aporta la sensación de seguridad. 

Detrás de la disputa territorial aparece el miedo contemporáneo a que la normalidad desaparezca de golpe.

Mientras los presidentes sonríen frente a las cámaras, millones de personas revisan sus teléfonos sin pensar mucho en lo que sostiene, en alguna parte del océano Pacífico, una pequeña isla.


IG @davidperezglobal

  • david pérez

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