M+.- Pasado mañana comenzará el Mundial de Futbol 2026. Durante varias semanas, millones de personas seguirán los partidos y participarán en una conversación global compartida. Patrocinadores, televisoras, plataformas digitales y anunciantes invertirán miles de millones de dólares para capturar una parte de esa audiencia. Lo que estará en juego no será solamente un campeonato deportivo, también será uno de los mayores mercados de atención humana del planeta.
Sin embargo, no todas las selecciones capturan el mismo valor dentro de ese mercado. Conforme avanza el torneo, la atención se concentra en un número cada vez menor de equipos. En términos económicos, las rondas finales son donde se encuentra la mayor parte de la atención.
Por ello las selecciones más exitosas no sólo acumulan trofeos. También construyen activos económicos. Sus jugadores se convierten en embajadores internacionales, sus ligas atraen audiencias globales y sus patrocinadores disfrutan de una exposición que se prolonga mucho más allá del torneo.
México ocupa una posición peculiar dentro de este esquema. Tiene una de las aficiones más grandes del mundo, una capacidad comercial extraordinaria y una presencia prácticamente garantizada en cada Copa del Mundo. Sin embargo, rara vez logra permanecer en el torneo cuando la atención global alcanza sus niveles máximos.
Y aquí aparece una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que un país con más de 130 millones de habitantes, una enorme tradición futbolística y una industria económicamente exitosa no consiga traducir esas ventajas en resultados comparables dentro de la cancha?
El problema parece ser menos de recursos que de incentivos. Durante años el sistema en México ha premiado más lo comercial que la excelencia deportiva. La desaparición del ascenso y descenso, las barreras que limitan una competencia más abierta, la reducida exportación de jugadores a las mejores ligas del mundo y una estructura que protege el valor a corto plazo de las franquicias más que la formación de futbolistas han producido un sistema económicamente exitoso, pero deportivamente insuficiente.
Como millones de mexicanos, estaré apoyando a nuestra selección y deseando que consiga los mejores resultados de su historia. Ojalá este sea nuestro Mundial, pero de no ser el caso, que esta vez la experiencia sirva para algo más que alimentar la frustración y se convierta en el detonante de una reforma que haga de nuestro futbol un mejor negocio y, más importante aún, uno a la altura de una afición tan noble, leal y entregada como la mexicana.
Alfa positivo. El líder global en materiales para la construcción Saint-Gobain anunció una inversión de 850 millones de dólares en Monterrey, consolidando la posición de la región como uno de los principales destinos de América del Norte para la inversión industrial.