El oso azul y el presidente

Ciudad de México /
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Mientras me preparaba para escribir esta columna sobre un episodio de Black Mirror titulado “The Waldo Moment”, en el que un oso azul de animación llamado Waldo irrumpe en el panorama político inglés mediante insultos a la clase política y “decir las cosas como son”, me topé con una noticia de ayer en donde Donald Trump alteró para subir a sus redes sociales una fotografía de sí mismo con la leyenda de golf Gary Player. En la foto original, tomada por Andrew Mordzynskiy y publicada por Getty Images, se ve a Trump con el rostro hinchado, cansado, los ojos entrecerrados y la boca abierta, con una expresión que denota senilidad y desconcierto. En la fotografía alterada aparece más bronceado, con el pelo de la parte posterior recortado, la boca cerrada, los ojos bien abiertos y una expresión de firmeza, que contrasta fuertemente con la decrepitud de la imagen original. Lo más notable es que de una fotografía existente, que probablemente sabe circulará y se podrá comparar con la versión truqueada, el presidente de Estados Unidos elabora una versión idealizada de sí mismo, como una animación proyectada del aspecto que desearía tener, en contraste con el que tiene.

Lo anterior viene un cuento porque el episodio en cuestión, que salió al aire el 25 de febrero de 2013, se interpretó posteriormente como una anticipación del fenómeno que llevaría a Trump a su primera presidencia tres años después. El oso azul de animación que insulta y exhibe la falsedad de la clase política con un discurso antisistema, y ​​debido a ello conecta con un electorado hastiado de la política y su falsedad, fue considerado un símbolo de la figura de Trump y su ascenso al poder (los creadores declararon en su momento haberse inspirado en Boris Johnson). Desde entonces se ha repetido el fenómeno en otras ocasiones (Zelenski era un comediante que llegó al poder también con un discurso antisistema y sin mayor plataforma política; pensemos en Milei y su motosierra; en El tigre De la Espriella haciendo campaña con la camiseta de la selección colombiana: figuras proclives al show que se encumbran mediante un discurso de odio y antisistema, que en realidad terminan enarbolando y defendiendo, como Trump, los mismos intereses de siempre bajo la falsa fachada de un cambio total).

Sin embargo, más allá de que estos personajes puedan considerarse (como el oso Waldo) títulos de un sistema que lejos de sacudir en realidad están llamados a afianzar, existe también un procedimiento de sustitución de realidad por la proyección de una imagen cuya manifiesta falsedad parecería venderse como su principal carta de veracidad. Un poco como los mecanismos de la ficción, cuya verosimilitud se construye principalmente a partir de una elaboración meticulosa y detalladamente una fantasía que engancha y resulta creíble a los espectadores. De la misma manera, en lugar del presidente de 80 años que se queda dormido en reuniones de alto nivel, con evidentes problemas cognitivos y de control de impulsos (y al parecer de esfínteres), que muestra acelerados niveles de decrepitud física y mental, millones de estadunidenses creen ciegamente en el líder fuerte, bronceado, de impecable peluquín, que a golpe de guerras y de insultos está devolviendo la grandeza a su nación. Al igual que un oso azul que permite evadir las complejidades de la realidad política, el presidente truqueado por sí mismo termina siendo un inmejorable comentario de la decrepitud y decadencia de una nación, que con tal de negarla lo más posible, elige también negar lo evidente durante otro poco más, con la ayuda de la proyección asistida por la inteligencia artificial. 


  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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