El 'soundtrack' del inframundo

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

Dentro de la mitología de Radiohead es conocida la historia de cómo tras la aparición y apabullante éxito del Ok Computer, ampliamente considerado como uno de los más importantes discos en la historia del rock, Thom Yorke sufrió un colapso mental en parte producido precisamente por el éxito de dicho disco, y entró en lo que ha descrito como un estado psicótico, donde no sólo era incapaz de crear, sino que la mera idea de hacerlo según los cánones de la música que había hecho hasta ese momento le resultaba intolerable. Así que se recluyó un tiempo con su amigo Stanley Donwood, responsable de buena parte de la imagen gráfica de Radiohead, a crear obras de arte con motivos como icebergs o pequeños demonios llorando, que daban expresión visual a los estados que por ese momento no encontraban la habitual salida musical. Cuando finalmente se juntó con sus compañeros de banda a hacer un nuevo disco, que resultó ser el Kid A, el proceso fue altamente fragmentario y basado en procesos computarizados, con muchísimas capas de loops, efectos y sintetizadores, al grado de que el guitarrista Ed O’Brien luego contaría que no sabía si en ese álbum había algún espacio para él. La obra final fue otro disco igualmente legendario, sumamente vanguardista, que rompía por ese momento de manera radical con la idea de la música que debía de hacer una banda de rock como Radiohead.

A poco más de 25 años de distancia se ha montado una espectacular exposición y película en torno al Kid A y al disco que le siguió, el Amnesiac, de momento exhibida en Ciudad de México, que vale muchísimo la pena visitar. Se trata del correlato visual, gráfico y por supuesto sonoro tanto de estas obras como del universo que condujo a su creación. El ingreso asemeja un desolado paisaje urbano poblado por la iconografía de Radiohead, como el legendario “Oso modificado” con su siniestra sonrisa un tanto diabólica (en distintas versiones que incluyen una en donde hace de Caronte que conduce una barca al inframundo), demonios que rompen en llanto o unos seres lineales y cabezones que parecen como esculturas de Giacometti realizadas en un mal viaje de LSD. La textura de la expo que conduce a la proyección de la película está inspirada en el arte urbano underground y de hecho varias imágenes están pegadas sobre vallas alusivas a un paisaje industrial. Estos corredores conducen a la sala de proyección de la película que es una especie de descenso visual y sonoro al muy particular inframundo cuyo hermoso soundtrack del colapso espiritual son precisamente el Kid A y el Amnesiac.

La película de animación sigue el trayecto de un desolado demonio sin ojos que transita por lugares como una muy orwelliana central donde los seres lineales de cabeza redonda parecen estar contemplando en cientos de pantallas la vida de la sociedad que se transmite a sí misma, bosques de espinas, o paisajes cibernéticos donde deambula con su desolación como si estuviera entre el código de la Matrix. El soundtrack es una mezcla que ha hecho el productor Nigel Godrich a partir de las pistas de las grabaciones originales de los álbumes y el resultado final es una suerte de melancolía reconfortante, en absoluto masoquista, en la que la desolación del pequeño demonio sin ojos parecería ser la de la sociedad regida por los “yuppies networking” anunciados desde “Paranoid Android”. Hasta que descubrimos que sí tiene ojos, porque llora y se funde en un tierno abrazo con otro demonio igual que él, un poco como el abrazo sonoro y visual que supone esta genial exposición que rinde tributo a una obra como el Kid A que, como sucede con los clásicos, parecería más viva y vigente que nunca, a poco más de 25 años de su aparición.


  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite