La clase 'troletaria'

Ciudad de México /
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LUIS M. MORALES

La guerra por el control del ciberespacio entre porros morenistas y opositores ha convertido el debate público en una letrina, pero al menos tiene un aspecto positivo: es una buena fuente de empleo para miles de aspirantes a incursionar en el periodismo, que por falta de oportunidades para ejercerlo se resignan a su fraudulenta caricatura. En la enésima tentativa de la 4T por amordazar a los líderes de opinión tipificados como enemigos del pueblo, Luisa María Alcalde, la cara bonita de la mano dura oficialista, describió un ecosistema digital con 34 cuentas de ataque (troles) dedicadas a reformular y distribuir en las redes sociales los mensajes adversos al régimen, amplificados luego por 560 mil 520 cuentas de bots.  Hasta la fecha, Alcalde sólo ha enseñado el puño, pero en cualquier momento puede imponer en México un férreo control de la información digital similar al de China.

Sin duda, la maquinaria que denunció existe y adultera el debate público, pero la amenazante consejera jurídica omitió mencionar que el gobierno y su partido sostienen con dinero público una red igual o mayor de pistoleros a sueldo encargados de intimidar a las voces críticas, como puede comprobarlo cualquiera que publique en las redes una protesta contra la impunidad de la nueva oligarquía huachicolera. En ambos polos del espectro político existe, pues, un amplio campo de trabajo para jóvenes rijosos con un mínimo de talento para la diatriba y el descontón verbal. ¿Son mercenarios o le tienen verdadero amor a la camiseta? ¿Destilan ponzoña por fanatismo o por interés?

A estas alturas, quizá muchos troles repitan consignas en las que ya no creen o jamás creyeron, porque una larga inmersión en las cañerías de la polarización forzada tarde o temprano decepciona a cualquiera. En ese inframundo lo raro no es transitar del idealismo al pragmatismo, sino aferrarse a principios envilecidos por la demagogia. Un trol inteligente y sensible quizá se convenza pronto de que la política mexicana es una farsa grotesca. La siembra de odios tarde o temprano desemboca en una pérdida de autoestima que podría ser grave si el trol sumido en el desengaño fuera un atormentado personaje de Dostoyevski. Pero en México, el relativismo moral amortigua los pecados mortales. De ahí al cinismo sólo hay un paso, pues como dice el refrán, “el que de santo resbala, hasta el infierno no para”. Quien alcanza ese grado de lucidez amarga tiene todo el derecho de buscar mejores horizontes si siente que el sistema no recompensa su valía. En toda actividad económica existe la piratería de personal calificado y la agitación de masas no es la excepción. Un trol arrepentido me asegura que algunos jefes de granjas monitorean a las huestes enemigas en busca de troles ingeniosos, con buena jiribilla satírica, para ficharlos en su equipo a cambio de una módica feria. Esos piratas son quizá los mejores amigos de la clase troletaria, pues la pervierten para mejorar sus condiciones de vida.

Según la misma fuente, cuya identidad me reservo por razones obvias, la mayoría de sus colegas trabajan en casa, y como todos se escudan detrás del anonimato, nada los obliga a guardar lealtades. Gracias a ese margen de libertad, desde hace años opera en las sombras una camada de agentes dobles que cobran al mismo tiempo en la nómina de Ramírez Cuevas y en la de Salinas Pliego. Algunos se dan el lujo de escribir largos chats en los que vapulean a su otro yo con epítetos denigrantes (morenarco, infrarrojo, zurdo de mierda) y se responden con disparos a quemarropa (derechairo, lameculos de Trump, traidor a la patria) para acreditar ante ambos capos una actividad incansable. Su conducta quizá repugne a los moralistas, pero ¿quién puede culparlos por querer duplicar su fuente de ingresos, en un país donde la juventud se las ve negras para salir adelante?

Un peligro, sin embargo, amenaza por igual a los troles convencidos y a los bribones: la irrupción de la inteligencia artificial en el terreno de la propaganda política. El Chat GPT puede hacer en 10 segundos la chamba mensual de 100 troles, y ante una competencia tan dispareja sólo sobrevivirán los sicarios más venenosos, los más diestros para meter cizaña. Dentro de poco, las redes dejarán de ser un instrumento eficaz para suplantar la vox populi, pues los ingenuos internautas que antes derramaban bilis cuando una falsa mayoría los linchaba por atreverse a exigir la cabeza de Adán Augusto, no volverán a inquietarse por los denuestos de una máquina. Pero cuidado: muchos troles desplazados por el avance tecnológico podrían engrosar las filas de la delincuencia, por la que sienten una simpatía congénita. Para socorrerlos, la doctora Sheinbaum debería lanzar un nuevo programa social: la Beca Liz Vilchis Para Porros Cibernéticos en Situación de Calle.


  • Enrique Serna
  • Escritor. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Ha publicado las novelas Señorita México, Uno soñaba que era rey, El seductor de la patria (Premio Mazatlán de Literatura), El vendedor de silencio y Lealtad al fantasma, entre otras. Publica su columna Con pelos y señales los viernes cada 15 días.
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