El mundo de (apenas) ayer

Ciudad de México /

Así tituló Stefan Zweig, sin el adverbio de tiempo “apenas”, sus hermosas memorias autobiográficas y en ellas el recuento de la caída de la sociedad vienesa antes y entre guerras. Desde la nostalgia de “una época de seguridad” hasta su fatal exilio en Brasil, Zweig detalló cómo fue desmoronándose toda una época civilizatoria. Aquel ritmo de acontecimientos, esa cadencia de entonces no existe más. Hoy la dromocracia, el régimen de velocidad absoluta donde la política está vinculada a la inmediatez y la tecnología, y en ella se produce “una política de lo peor”, según anticipó Paul Virilio, es el acento dominante de nuestra realidad.

Trump contradice a Trump todos los días y a sus íncubos Hegseth y Rubio, que a su vez lo contradicen a él, pero en sus enredos semánticos, su colosal ignorancia, sus mentiras crónicas y sus mundos imaginarios, nutridos por los video juegos infantiles y la imaginería hollywoodense que sus asesores le preparan a diario para “informarlo” virtualmente mediante épicas imágenes de explosiones, bombardeos y aniquilaciones heroicas del enemigo, no alcanza a comprender la magnitud de la monumental crisis que, de la mano de su controlador Netanyahu y los delirios escatológico-talmúdicos y cristiano-sionistas, ha provocado. Ni siquiera por la reacción de los mercados bursátiles y los tipos de interés, su preocupación única.

Pero la antigua y refinada civilización persa sí lo entiende cabalmente. Por eso Irán contestó a una de sus tantas insensateces con otro video, único lenguaje que el presidente idiota puede comprender, donde un misil hipersónico destruye la Estatua de la Libertad llevando este mensaje: “Una venganza en nombre de todos” —de Gaza, de Líbano, de los indocumentados perseguidos, de los países oprimidos por aranceles (a excepción de los vasallos europeos), de los pescadores asesinados en el Mar Caribe, de los bombardeados en Uganda, de la Venezuela invadida, de la asfixiada Cuba, del gansteril acoso mundial de Trump, de su desprecio a la democracia—. El dilema es, según el analista Pepe Escobar, la prevalencia del sistema excepcionalista de caos internacional (esa ley de la selva recientemente promulgada por Steve Miller, asesor de Trump), o su reemplazo mediante una igualdad multilateral impulsada por el Sur Global, con China a la cabeza, Rusia, Irán e Indonesia, sin la abyecta India de Narendra Modi ni la tibieza oportunista de Brasil.

El objetivo de Estados Unidos a mediano y corto plazo es el control del comercio mundial de petróleo, forzando su venta en dólares para seguir sosteniendo su hiperbólico déficit económico, lo que requiere “terrorismo constante y una guerra permanente en Oriente Medio”, conforme a Michael Hudson. El experto Jeffrey Sachs advierte que estamos ya en las primeras etapas de la Tercera Guerra Mundial, como recientemente lo dijo el canciller ruso Serguei Lavrov. Y Lawrence Wilkerson, coronel retirado asesor de Colin Powell cuando fue secretario de Estado, observa que el gobierno de Trump, sin ningún plan militar coherente y engañado por los falaces informes del Mossad, ha cometido en los últimos días más crímenes de guerra “desde Adolfo Hitler”, disponiendo un ataque que cuenta con el nivel más bajo de apoyo en 80 años, de acuerdo con The New York Times.

Lo que para Irán, cuna de la civilización occidental, de la escritura y las leyes sustantivas, del concepto de ciudad, de la rueda y los mitos fundacionales bíblicos representa una guerra existencial para la que se ha preparado durante décadas, para Barbaria y su controlador Israel sólo es una impulsiva guerra de agresión motivada por el delirante plan sionista del Gran Israel más la supervivencia política del genocida Netanyahu, y para la patética Casa Blanca, ensoberbecida por la fácil “victoria” del secuestro del presidente Maduro, es una iniciativa que busca desviar la atención de los Archivos Epstein, de la creciente inflación y carestía, del mal gobierno, en suma, de su corrupto presidente autocrático, quien se teme que filtra información privilegiada a sitios de apuestas e inversionistas que han ganado millones de dólares en pocos días especulando sobre la conflagración, igual que durante el ataque a Venezuela.

David contra Goliat, quien ya no sabe cómo, ante la “orden de desalojo” del Oriente Medio exigida por Irán, cantar victoria y salirse del laberíntico avispero donde se metió. La gran mayoría del planeta, y aún los países vasallos (las inmorales monarquías del Golfo Pérsico y Europa), culpan a Estados Unidos y su presidente del colapso —irreparable pues durará décadas— de la economía mundial. Adiós a la energía barata, bienvenida una inflación destructiva: cambios estructurales y fin de época. Vietnam demostró que las guerras asimétricas pueden perder batallas pero ganan guerras. A menos que el sionismo demente lance una bomba atómica contra Irán, así volverá a ser.

Se cumple la sentencia gramsciana: el viejo mundo unipolar está muriendo y no sabemos qué vendrá después. En épocas turbulentas, aconseja el taoísmo, hay que simplificar.


AQ / MCB

  • Fernando Solana Olivares
  • (Ciudad de México, 1954). Escritor, editor y periodista. Ha escrito novela, cuento, ensayo literario y narrativo. Concibe el lenguaje como la expresión de la conciencia.
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