El opaco cristal que nos rodea

Ciudad de México /

Doce escenarios posibles —número de alta densidad simbólica, como las doce estrellas que la mujer del Apocalipsis lleva en una corona sobre la cabeza— contempla Max Tegmark en Vida 3.0, una exploración del ser humano, o lo que de él quede, ante la era de la inteligencia artificial.

La vida 1.0 fue un período meramente biológico que surgió hace unos cuatro mil millones de años definido por las fuerzas de la naturaleza. La vida 2.0 significó una etapa cultural en la cual aparecieron seres humanos que comenzaron a moldearse a sí mismos y su entorno unos cien mil años atrás. La vida 3.0, ya entre nosotros, representa un estado esencialmente tecnológico que sus entusiastas definen como creador de su propio destino porque diseña tanto su hardware como su software, sus condiciones físicas lo mismo que las sutiles o intangibles, el soporte y la propia conciencia que albergará. Diseña en suma su materia y su pauta, o su cuerpo y su alma, si estos términos pueden emplearse aún.

En 1997 la supercomputadora de IBM Deep Blue se enfrentó por segunda vez con el entonces campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov y lo venció. En marzo de 2016 AlphaGo, un sistema de Inteligencia Artificial de DeepMind ganó un enfrentamiento a cinco partidas contra Lee Sedol, el mejor jugador entonces y ya legendario por sus logros. En la segunda partida AlphaGo hizo un movimiento en su jugada 37 que contradijo milenios de experiencia humana en el go, un juego de creatividad e intuición visto como un arte en Oriente, cuya cantidad de posiciones posibles es mayor que la de átomos en el universo y por ende imposible de analizar en todas sus secuencias de movimientos futuros. Esa jugada decidió la partida y pasó a la posteridad como una de las más creativas en la historia del baduk, como se le llama en coreano.

En 2017 el equipo de DeepMind presentó al sucesor de AlphaGo, AlphaZero, una máquina que decidió ignorar la ancestral sabiduría acumulada junto con los millones de partidas existentes integrados a la memoria del sistema anterior y aprendió desde cero jugando consigo misma. Venció a AlphaGo y empleando el mismo sistema para aprender ajedrez se convirtió en el mejor jugador del mundo. La IA demostró que podía construir mejores versiones de sí misma que sus creadores humanos.

Los doce escenarios en Tegmark de la vida 3.0 plenamente desarrollada son:

1) Utopía libertaria. Humanos, cíborgs y superinteligencias coexisten en paz. Los seres humanos no están al mando ni a salvo.

2) Dictador benévolo. La IA gobierna la sociedad y aplica reglas estrictas. Los humanos no deciden nada pero la mayoría están satisfechos.

3) Utopía igualitaria. Humanos, cíborgs y conciencias digitales coexisten sin conflicto gracias a la abolición de la propiedad y a una renta garantizada. Los humanos no gobiernan del todo al mando pero están a salvo.

4) Guardián. Se crea una IA que interfiere lo mínimo necesario y evita la creación de otra superinteligencia. Abundan robots asistentes de inteligencia subhumana y cíborgs humano-máquinas. Los humanos no se ven en riesgo.

5) Dios protector. Una IA omnisciente y omnipotente maximiza la felicidad humana haciendo creer a la gente que ella gobierna su destino y ocultándose como si no existiera. Los humanos están a salvo sin garantía.

6) Dios esclavizado. Una IA superinteligente confinada por controladores humanos que la utilizan para producir tecnologías y riquezas máximas. Los seres humanos están por ahora a salvo.

7) Dominadores. La IA toma el control y elimina a los seres humanos asumiéndolos como un anacronismo molesto y un derroche de recursos.

8) Descendientes. La IA sustituye a los humanos y les da una salida decorosa haciendo que sea vista como una digna descendencia de ellos.

9) Cuidador del zoo. Una IA omnipotente permite que vivan unos cuantos humanos que son tratados como animales de zoológico.

10) 1984. Un Estado de vigilancia orwelliano utiliza una IA parcial dedicada sobre todo al control opresivo de la sociedad.

11) Vuelta atrás. Se impide el progreso hacia la superinteligencia al volver a una sociedad pretecnológica de estilo amish.

12) Autodestrucción. La superinteligencia no llega a crearse porque la humanidad provoca su propia extinción mediante guerras nucleares o desastres biotecnológicos.

Todos los escenarios posibles de la IA son más o menos ominosos para el género humano, aun la posibilidad ludista de una vuelta atrás. El aprendiz de brujo ha desatado fuerzas que no podrá controlar y el transhumanismo parece derribar a patadas la puerta de la historia. Una de las falacias del progreso ha consistido en enfatizar moralmente que las tecnologías son neutrales en sí mismas. Que su uso sólo depende de los seres humanos. Pero la ecuación es a la inversa: la tecnología usa y determina a las personas y la ingeniería social ha producido la representación colectiva y el consenso fabricado.

La IA es el problema principal de la actualidad. Representa un desafío filosófico que pone en duda qué es el hombre y su conciencia; un riesgo descomunal que trastoca todo aquello que construimos como cultura y civilización.


AQ / MCB

  • Fernando Solana Olivares
  • (Ciudad de México, 1954). Escritor, editor y periodista. Ha escrito novela, cuento, ensayo literario y narrativo. Concibe el lenguaje como la expresión de la conciencia.
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