El colapso anunciado del SIAPA

Jalisco /

La inviabilidad financiera del SIAPA es ya inocultable. Una cartera vencida multimillonaria, parte de ella incluso prescrita e incobrable, revela no solo la debilidad de sus ingresos, sino la ausencia prolongada de una política eficaz de cobro, actualización del padrón y disciplina administrativa. Si a eso se suma que cerca del 80 por ciento del gasto se destina a nómina, y apenas queda margen para inversión, lo que existe no es un organismo en dificultades, sino un modelo exhausto, sin capacidad real de modernización.

Pero el problema no es solo financiero. También es político. Las auditorías detectaron un uso discrecional de recursos a través de adjudicaciones directas por cientos de millones de pesos en compras y obra pública. En un organismo que vive al límite, cada contrato asignado sin competencia suficiente deja en duda el precio o la calidad de lo contratado. 

A ello se suma el rezago tecnológico y operativo. El padrón de usuarios lleva años sin actualizarse, el software de facturación es antiguo y la lectura de medidores sigue descansando en un esquema precario e insuficiente. La infraestructura hidráulica presenta fallas generalizadas, con tuberías viejas, fugas, socavones, interrupciones del servicio y fuentes de abastecimiento fuera de operación. Más que un sistema moderno, el SIAPA parece administrar la decadencia.

La dimensión más delicada de esta crisis está en sus efectos sociales y sanitarios. Cuando el agua llega turbia, con mal olor o con dudas razonables sobre su calidad, ya no estamos ante un simple problema técnico. Se afecta la vida cotidiana, la salud y la confianza elemental de la población en un servicio público básico. La autoridad puede intentar administrar el discurso, pero no puede pedir tranquilidad cuando la experiencia de miles de hogares dice lo contrario.

El SIAPA no enfrenta una crisis aislada, sino la acumulación de inercias, malas decisiones y abandono técnico (tal cual le ocurre a IPEJAL). La insolvencia financiera, la discrecionalidad presupuestal, el rezago operativo y el deterioro del servicio forman parte del mismo cuadro. Está ya en juego la viabilidad de un organismo. Lo que tenemos de frente es una advertencia severa sobre los límites de un modelo público que dejó de corregirse a tiempo.


  • Gabriel Torres Espinoza
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