En tiempos de Cuauhtémoc Cárdenas

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio

Gamés no puede sino dar crédito a quienes sostienen que Cárdenas es un referente de la democracia y la izquierda en México, un antes y un después. Con él llegó a su fin el régimen autoritario del priismo, aunque de allá venía él, del PRI químicamente puro. A Gilga no le simpatizaba el ingeniero, pues no le gustan los caudillos y eso fue Cárdenas, pero su presencia cambió la vida política del país y el curso de la historia de México, eso que ni qué.

Gil recordó un libro magnífico: Izquierda, democracia y cambio social: PRD 1989-2019 coordinado por Ricardo Becerra y Mariano Sánchez Talanquer, Gil regresó a las páginas que escribió para este volumen Raúl Trejo Delarbre: “El año mágico del fin de la historia. Un mosaico del escenario público cuando nace el PRD”. El texto es una lección de memoria y orden histórico. Subrayados:

***

Año axial, como pocos. En 1989 el mundo —México no fue la excepción — emprendió una vehemente, a veces equívoca y tortuosa búsqueda de la modernidad. Había mucho de fin de época, pero también de titubeos, en las maneras de entender rupturas políticas, novedades tecnológicas y aventuras culturales que ocurrían en sociedades ávidas de cambio, pero también temerosas de dejar atrás las certezas que las habían cobijado por décadas. El año en que nació el Partido de la Revolución Democrática cayeron los muros políticos de Europa del Este y hubo quien diagnosticó que estábamos en el ocaso de las ideologías. En América Latina hubo históricas renovaciones democráticas. Ese año llegaron a México la Internet y los celulares, cayeron ominosos cacicazgos sindicales y hubo importantes huelgas obreras, el narcotráfico comenzaba a estar en el centro de la expectación pública, los medios eran disciplinadamente priistas y la modernidad era emblema político, desafío cultural y motivo de perplejidad social.

***

El Partido de la Revolución Democrática, surgido del movimiento electoral  en torno a Cuauhtémoc Cárdenas, no estaba formalmente constituido, pero tenía una dirección y ya funcionaba aparte del FDN. En representación del PRD el propio Cárdenas Solórzano indicó que “la detención violenta de La Quina y la utilización del ejército  para custodiar instalaciones petroleras son violaciones  a la legalidad que se deben reprobar”. Cárdenas consideró también que la detención de Hernández Galicia era “una venganza por la denuncia pública de corrupción en Pemex” que hacía el sindicato. El secretario general del Partido Mexicano Socialista, que formó parte del FDN y luego sería la columna del PRD, Gilberto Rincón Gallardo, declaró que las acusaciones  de acopio y contrabando de armas eran “un pretexto para encubrir acciones fraudulentas de exfuncionarios de Pemex”. 

***

La televisión no podía difundir la imagen de adversarios del gobierno excepto para denostarlos. El 18 de agosto [de 1989] por la noche, de pronto la programación del canal 5 se interrumpió para transmitir un espacio aparentemente informativo en donde se mostraban testimonios de supuestas víctimas de abusos del PRD. Un mes y medio antes se habían realizado las elecciones locales en Michoacán y las protestas de ese partido habían llegado a extremos violentos. Aquel programa estaba destinado a exhibir abusos del PRD. Una anciana que declaraba haber sido inmisericordemente maltratada, el padre de un muchacho fallecido por falta de atención médica cuando estuvo atrapado en el bloqueo a una carretera, la madre de una niña asesinada, gente exasperada por el estancamiento de sus negocios, comerciantes sin mercancías, antiguos partidarios de Cuauhtémoc Cárdenas ahora situados en contra suya. […]. Luego se demostró que al menos varias de las personas que aparecían como víctimas de acciones del PRD en realidad eran impostores, o habían sido afectados por otros acontecimientos.

***

Aquel 1989 México tenía prisa por ser moderno. Lo conseguimos a medias y de manera veleidosa. Mirábamos cómo se desplomaba el autoritarismo soviético sin cancelar los consensos sociales ni los abusos que seguían nutriendo al autoritarismo mexicano. Las izquierdas contribuían con sus exigencias a la construcción de la pluralidad, pero entre ellas no actuaban de manera democrática. Caían añejos caciques sindicales, pero no eran relevados por liderazgos representativos. El Partido de la Revolución Democrática comenzó a andar sin deshacerse de atavismos como la cultura política priista.

​Teníamos prisa y el horizonte de la modernidad a veces deslumbraba tanto que perdíamos el foco para alcanzarlo. Aquel año, en la columna que escribía en Proceso, el gran José Emilio Pacheco se apoyó en una frase de “Examen de la obra de Herbert Quain”, el relato borgiano compendiado en Ficciones, para escribir: “Borges sobre el México de 1989”: «Todo es ligeramente horrible, todo se frustra o se demora».


Gil s’en va




  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite