Con la novedad de que el expresidente Liópez abandona su retiro, mju, para expresar su respaldo al pueblo de Cuba. En un mensaje publicado en sus redes sociales, manifestó su solidaridad con la isla y expresó su preocupación por lo que calificó como un intento de “exterminar” a la nación caribeña. A las oportunidades las pintan calvas: “Estoy en retiro, pero me hiere que busquen exterminar, por sus ideales de libertad y defensa de la soberanía, al hermano pueblo de Cuba”.
Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: de cuerdo, Trump es un miserable, pero cuidado, el hombre naranja no es el culpable de la situación cubana, ni siquiera los Estados Unidos, con quien Cuba mantiene relaciones comerciales desde hace años, el culpable se llama Fidel Castro y la cruel dictadura que impuso en la isla. Un régimen de 67 años sin democracia, elecciones, partidos, libertad de expresión, disidencia, reflexión crítica. Y por lo mismo una población sometida a una pieza de pollo cada quince días, un kilo de arroz, un cuarto de aceite, un tubo de pasta de dientes al mes, todo esto en épocas de bonanza. Hagamos la pregunta elemental: ¿por qué?
Liópez hizo un llamado a no mantenerse indiferentes ante la situación de la isla, recordando las palabras del general Lázaro Cárdenas durante la invasión de Playa Girón: “No es lícito preconizar nuestra indiferencia ante su heroica lucha, porque su suerte es la nuestra”. No se lo tomen a mal a Gamés, pero vamos a dejar en paz los polvos del general. Y resulta que el expresidente llama a depositar en una cuenta bancaria para que la burocracia dorada cubana tenga comida y luz. ¿O de verdad piensan que esos donativos llegarán al pueblo de Cuba?
El principio del fin
Miguel Díaz-Canel, dictador en funciones, en la Televisión Nacional reconoció lo que por semanas había negado: que Cuba dialoga con la administración de Donald Trump. A estas declaraciones las precedieron ocho días de motines: quemaron la basura que el gobierno no pudo recoger, atacaron las instalaciones del Partido Comunista.
La cuenta pertenece a la asociación civil Humanidad con América Latina, la cual, dijo, está conformada por ciudadanos, escritores y periodistas. Liópez precisó que los recursos depositados se destinarán a la compra de alimentos, medicinas, petróleo y gasolina para apoyar al pueblo de Cuba. “¡Que cada quien aporte lo que pueda!”. Ah, que Liópez, le gusta macanear, y así va a seguir cada vez que le dé la gana ante los ojos brillantes y complacidos de la Presidenta. Con lo que guste cooperar.
La protesta imparable
Ante los disturbios, el gobierno cortó los servicios de internet, mandó a desembarcar en el lugar a sus agentes militares Boinas Negras para redirigir el descontento. En medio de los gritos y la humareda.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró este sábado en referencia a la protesta por los apagones de Morón que concluyó con incidentes que “para el vandalismo y la violencia no habrá impunidad”. A través de redes sociales, el mandatario consideró que es “comprensible el malestar” por los apagones y “legítimas las quejas y reclamos, siempre que se actúe con civismo y respeto al orden público”. ¿Cómo lo ve, expresidente Liópez?
Nunca será comprensible, justificado, ni admitidos la violencia y el vandalismo que atenta contra la tranquilidad ciudadana y la seguridad de nuestras instituciones”.
Equipos especiales del Ministerio del Interior cargaron contra las personas congregadas frente a la sede del partido. Hasta entonces todo había transcurrido de forma pacífica. Los manifestantes, golpeando cazuelas y con las linternas de sus teléfonos encendidas y en alto, gritaron “¡Corriente y comida!”, “¡Libertad!”, “¡Pongan la corriente!”, “¡Patria y Vida!” y “¡Abajo la dictadura!”, según distintos videos en redes sociales.
El incremento de los apagones en semanas recientes ha atizado el descontento social en Cuba y durante los últimos días se han registrado pequeñas protestas y cacerolazos en diversas ciudades del país, principalmente en La Habana. El sonido de las ollas no ha sido el único signo de descontento. También se ha quemado basura y dejado oír gritos en contra de la dictadura.
Todo es muy raro, caracho, como diría Alberto Moravia: “Una dictadura es un estado en el que todos temen a uno y uno a todos”.
Gil s’en va