La mejor definición de la nueva obra del escritor Liópez Obrador le pertenece al Santo Oficio y se ha publicado en las páginas de su periódico MILENIO. Después de revisar algunos capítulos ha concluido que se trata de una novela del surrealismo mágico. Pueblo, afirma José Luis Martínez S., es “una novela —chusca y en ocasiones esperpéntica— de un autor fugado de la realidad. Divierte la defensa de su hijo Andy, perseguido ‘injustamente’ por el fantasma de la corrupción, del Suavecito Manuel Bartlett, de la reforma del Poder Judicial, de sus obras insignia, tan eficaces como los ventiladores del Conahcyt y la vacuna Patria (autorizada por la Cofepris hasta 2024). Todos sus fracasos, bajo su mirada, se transforman en éxitos ‘en beneficio del pueblo y la nación’. Ignora la autocrítica, y es feliz en su inconsciencia”:
Así las casas, Gil confiesa de paso que desde que Bartlett abandonó la escena pública ya no es el mismo. ¿No podrían darle algún puesto? A Gamés se le ocurre que podría participar muy cerca de la presidenta consejera del INE, Bartlett sabe de elecciones. ¿Alguien lo duda?
Pero Gilga no se desvía, la exacta definición que El Santo Oficio hace de la novela esperpéntica Pueblo tiene un nombre elegante: disociación cognitiva, así se dice cuando alguien que ha fracasado afirma que ha tenido un éxito atronador.
La casa de la risa y el llanto
La disonancia cognitiva, explicó hace días en esta página del fondo Gilga, consiste en creer algo que en realidad no se cree, considerar cierto algo que se sabe que es falso, esta adaptación entraña graves consecuencias psíquicas. Así lo ha escrito Emmanuel Carrère en un libro extraordinario: Koljós. La disonancia cognitiva era unos de los rasgos principales de la vida en la Unión Soviética, donde toda la sociedad se somete a un credo que la realidad contradice a cada instante y dónde para sobrevivir hay que creer en el credo no en la realidad. En este universo distópico todo es al revés: a la escasez se le llama prosperidad; al terror, confianza; a la delación, camaradería y a la mentira, verdad. ¿Cómo la ven? Dicho todo esto sin la menor intención de un albur distópico.
Delirio
Así las casas (vuelve, Bartlett, como estés, como sea que a nadie le importa), el mejor ejemplo de disonancia cognitiva lo pone en estas páginas El Santo Oficio: “En su apuesta a la desmemoria, sin nombrar a Hugo López-Gatell, actual becario en Suiza, en el capítulo 32, titulado “Los otros datos”, escribe: ‘Enfrentamos la terrible y dolorosa pandemia del covid-19 con profesionalismo, entrega, responsabilidad y humanismo para salvar vidas mediante la vacunación y la atención médica gratuita y universal, sin escatimar presupuesto’”.
Pues aquí tienen ustedes, lectora y lector un caso grave de disociación cognitiva.
Le dirán a Gilga, y con razón, que ese nombre elegante puede simplificarse y traducirse con estas palabras: un criminal desalmado. Y ambas se resumen en aquella frase de Pepe Cárdenas en su noticiero: ¡definitivo! ¡López Obrador está loco!
Las comas son sagradas
Gil se enteró en el portal de Latinus en una nota de José Gerardo Mejía: el presidente de la Comisión de Hacienda y Crédito Público, el morenista Carol Antonio Altamirano circuló los dictámenes sobre los ingresos previstos para el 2027 sin cambiar una coma a la propuesta del Ejecutivo federal enviada el pasado 8 de septiembre. Las comas son sagradas.
Gamés se disfraza de economista e informa: en cuanto a la Ley de ingresos se prevé aprobar un endeudamiento neto de hasta 1.7 billones de pesos dentro del país y de hasta 13.5 mil millones de dólares en el exterior, para financiar el Presupuesto de Egresos. En el caso de la Ciudad de México tendrá un techo de endeudamiento neto de hasta 3 mil 500 millones de pesos.
Sobre el marco macroeconómico, se estima que para 2027 la economía crezca entre 1.5% y 2.5%, con un tipo de cambio promedio de 17.9 pesos por dólar, una producción de petróleo de 1,800.1 millones de barriles diarios y un precio promedio de la mezcla mexicana de 61.8 dólares por barril.
Gil se rascó la cabeza, gran gesto de duda: veremos.
Todo es muy raro, caracho, como diría el mismo Gilga: “el tirano termina confundiendo su voluntad con la realidad”.
Gil s’en va