Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil meditaba en la elección intermedia de Estados Unidos. Todo apuntaba a una derrota notable de Trump. En juego: 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 puestos en el Senado, 36 gubernaturas y miles de cargos estatales y locales. Un dato increíble: en Texas, un sondeo de CNN realizado entre el 20 y el 27 de octubre pasados colocó al demócrata James Talarico con 49 por ciento contra 43 por ciento del republicano Ken Paxton en la elección del Senado. En la gubernatura texana, CNN encontró una ventaja de apenas dos puntos del republicano Greg Abbott sobre la demócrata Gina Hinojosa. Mientras Gilga escribe estas líneas todo apunta hacia una paliza sobre Trump. Hasta donde Gil entiende el asunto importante es si los demócratas consiguen arrebatar a los republicanos el control de la Cámara o el Senado.
Andy
En esas estaba Gilga cuando en diversas navegaciones de X, ¡zas!, se estrelló con un video de Andrés Manuel López Beltrán en furiosa defensa de su honestidad. Oh, sí, de su honestidad. Se tardó un poco, pero hay quienes reaccionan con lentitud. Resulta que el mejor conocido como “Andy” afirma esto: “No tenemos ninguna relación con los negocios o empresas de Jorge Amílcar Olán Aparicio, como lo aclaramos en el comunicado de hace más de dos años”, y que lo lee textualmente, Gil se los va a evitar a la lectora y el lector.
Si Gamés ha entendido algo, cosa improbable, a Amílcar Olán le va a caer con todo el peso de la ley de Palenque. Hasta la vista, baby, y si te vi ni me acuerdo. Hay al menos una posibilidad de que esta sea la razón por la cual Amílcar apareció allá en Suiza en una buhardilla frente al lago Lugano en una zona residencial llamada Collina D’Oro. Cuentan que la pasaba muy mal y que apenas un mendrugo podía llevarse a la boca.
Adiós, Amílcar
Pues compañero, con la pena, pero ahí te ves como viste: “En ningún momento hemos recomendado o intercedido por ninguna persona o empresa con la intención de beneficiarle con contratos o presupuesto público de las múltiples instituciones y niveles de gobierno”. ¿Y las llamadas donde hablamos del balastro, apá? Esas no existen, mijo. ¿Y los contratos, apá? Tampoco existen, mijo.
Y adivinen. Pues claro, duro con las acusaciones: “Acuso directamente a Ramón Alberto Garza como agente de las agencias extranjeras; a Ricardo Salinas, dueño de Tv Azteca; a Carlos Loret de Mola, que siempre está al servicio de estos corruptos y otros medios de manipulación de encabezar, participar y coordinar una campaña de calumnias en contra nuestra con el objetivo de afectar mi imagen pública y la de Andrés Manuel López Obrador”.
Dice López Beltrán: “Es muy sencillo y se puede resumir de la siguiente forma: con la llegada de la cuarta transformación perdieron sus privilegios, tienen que pagar impuestos, acatar la ley, respetar la soberanía nacional. Eso los tiene más que molestos y empecinados en hacer todo lo que esté en su poder para tratar de regresar a nuestro país a los tiempos en que ellos mandaban, en los que sólo ellos se beneficiaban del presupuesto público y cuando podían actuar por encima de la ley (…). Existe una revolución de las conciencias, la gente ya no les cree sus mentiras, el pueblo es mayor de edad y jamás les va a permitir regresar al poder (…) la gente no olvida que ustedes fueron los que atacaron más a Andrés Manuel López Obrador a lo largo de su carrera. Y ese que tanto atacaron resultó ser el mejor presidente en la historia moderna de nuestro país”.
El Ello se desborda
Gilga no quisiera disfrazarse del doctor Freud, pero ha notado que el hijo mencionó cuatro veces al padre. Lo cual no está mal, pero nos habla de cierta necesidad del apoyo necesitado por su necesidad de la figura paterna, ¿o cómo era?
Y luego miren esto, sí mírenlo con cuidado: “Regresar a nuestro país a los tiempos en que ellos mandaban, en los que sólo ellos se beneficiaban del presupuesto público y cuando podían actuar por encima de la ley”. O sea que no nos gustaba que sólo ellos se beneficiaran del presupuesto. En fon. La verdad: descarados.
Todo es muy raro, caracho, Gil se encontró esta frase tirada en la duela de cedro blanco del amplísimo estudio: “El descarado no pierde la vergüenza: descubre que puede vivir sin ella”.
Gil s’en va