MILENIO Tv, 18 años

Ciudad de México /
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Hace la friolera de doce años, Gil vivía en otra casa editorial y desde ahí tiraba su piedra al charco de la vida pública mexicana. En el mullido sillón del amplísimo estudio la mano del azar señaló el destino de Gamés. Así, de golpe y porrazo, se encontró en las oficinas de Carlos Marín y minutos después en las de Pancho González. La invitación dejó mudo a Gilga: cuatro colaboraciones en MILENIO Tv, de dos o tres minutos, nunca más. La voz de Gil, desprendida de su colaboración en MILENIO Diario, se oía detrás de la animación de un hombre sentado en un mullido sillón y con un whisky escondido en la palma de la mano. 

MILENIO Tv ya era una referencia en el mundo del periodismo nacional. Carlos Zúñiga, primero, Carlos Puig, después, Azucena Uresti y Alejandro Domínguez, en estos días, le dieron hospedaje a Gil en uno de los muchos noticieros de ese árbol que había crecido y cuya fronda cubría con puntualidad y desde temprano la actualidad de las noticias.

Luego llegó Óscar Cedillo al diario y fortaleció el canal. Entre que sí y que no, Francisco González le mandaba alguna flor, oh, sí, a Gilga, nunca un cardo. Gil sabe ponerse cursi, posoye (así posoye), nomás faltaba. Por cierto, nunca le quitaron una sola frase a sus entregas.

Dieciocho años son aproximadamente 6 mil 570 días, que a su vez son 157 mil 680 horas de transmisiones, sin contar los programas especiales y las coberturas de días inolvidables de la política mexicana.

Cuando Gil observe la vida pública desde la estrella Nova, MILENIO Tv seguirá informando.

La traición a la patria

Esto de la traición a la patria no le gusta nada a Gilga. Según Gamés, historiadores, corrijan a Gil, desde la condena a Miguel Miramón y Tomás Mejía, generales conservadores que apoyaron al segundo Imperio, y a quienes les dieron cuello en el Cerro de las Campanas, nadie en México había sido acusado de traición a la Patria.

Con la novedad de que el exfiscal de Chihuahua acompaña hoy a Miramón y Mejía; no lo fusilarán, pero le van a dar fresco bote en Almoloya, prisión preventiva oficiosa, lo cual no es precisamente una comodidad, ni un regalo de la ley.

La historia es conocida: la acusación contra César Jáuregui se obsequió (que así se dice) hace unos cuantos días. Se desprende de un operativo antidrogas en el cual participaron dos agentes de la CIA. El asunto implicaba desmantelar un laboratorio antidrogas. Más tarde, el coche en el que viajaban estos agentes se desbarrancó sospechosamente (ah, se siente bonito el conspiracionismo) y los agentes murieron.

¿Quién había autorizado la intervención de los agentes y por qué no se informó a las autoridades federales? Problemón: la Presidenta montó en cólera y la gobernadora se cubrió con la capa de su tío, o como se diga. 

Ernestina Godoy informó que había concedido una orden de aprehensión contra el exfiscal por permitir la participación de dos agentes extranjeros sin autorización federal y no participar de esas acciones a la federación. Todo esto después de una investigación exhaustiva (anjá).

Es lo que hay

Pues la Fiscal General considera que estos hechos podrían constituir traición a la patria. De que la soberanía y las arañas. La gobernadora y la Presidenta tan tranquilas y Jáuregui quedará en manos de los tribunales en la oscuridad. Conclusión: a Gil no le gusta nada esto de la traición a la patria y menos que sea una Fiscal quien monte esa acusación, aunque obedezca a la ley, y un tribunal de los jueces del acordeón quien decida. Pero como se dice ahora: es lo que hay. Por lo demás, queda claro el uso político de todo el enredo jurídico.

Que nadie se engañe: la interpretación de la ley y la discrecionalidad han llevado a la cuatroté a un poder excesivo, como la mayoría calificada, y a casos de abuso como el del exfiscal. Malo, malo.

Todo es muy raro, caracho, como diría Montesquieu: “es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder siente inclinación a abusar de él”.


Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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