Las fuerzas del orden francesas han detenido por el momento a dos mil personas, casi la mitad de ellas en París, por su participación en actos de violencia durante la jornada de protestas sociales organizada en Francia. Los motines desencadenaron enfrentamientos, ataques a edificios públicos y saqueos de comercios.
Grupos violentos saquearon numerosos comercios en varias ciudades de Francia, 600 policías, gendarmes y bomberos resultaron heridos, En cuanto a los daños materiales, el ministro reconoció que son “considerables”, en particular teniendo en cuenta que fueron atacados cientos de comercios.
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Gil propone: ¿quieren ustedes entender las revueltas parisinas? No lean demasiados discursos sociológicos, mucho mejor ir a Victor Hugo: Los miserables. Gamés sabe que no le creerán, pero nada importa, el tomo siempre es azaroso. Libro Décimo, “El 5 de junio de 1832”: “La superficie de la cuestión”. Lean y verán el poder de las letras:
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Lean por favor a Victor Hugo:
“¿De qué se compone un motín? De todo y de nada. De una electricidad que se desarrolla poco a poco, de una llama que se forma súbitamente, de una fuerza vaga, de un soplo que pasa. Ese soplo encuentra cabezas que hablan, cerebros que piensan, almas que padecen, pasiones que arden, miserias que se lamentan y las arrastra”,
¿A dónde?
Lean por favor a Victor Hugo:
“Al acaso. A través del Estado, al través de las leyes, al través de la prosperidad y de la indolencia de los demás. La convicción irritada, el entusiasmo frustrado, la indignación conmovida, el instinto de guerra comprimido, el valor de la juventud exaltado, la ceguedad generosa, la curiosidad, el placer de la variación, la sed de lo inesperado, el sentimiento que hace experimentar placer al leer el cartel de un nuevo espectáculo, y al oír en el teatro el silbato del maquinista: los odios vagos, los rencores, las contrariedades, la vanidad que cree que ha fracasado el destino; el malestar, los pensamientos profundos, la ambiciones rodeadas de abismos; todo el que espera de un derrumbamiento una salida; y en fin, en lo más bajo la turba, ese lodo que se convierte en fuego, tales son los elementos del motín.
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Lo más grande y lo más ínfimo; los seres que vagan fuera de todo, esperando una ocasión, gitanos, gente sin profesión, vagabundos de las encrucijadas, los que duermen por la noche en un desierto de casas, sin más techo que las nubes frías del cielo, los que piden cada día su pan al acaso y no al trabajo, los desconocidos de la miseria y de la nada, los brazos desnudos, los pies descalzos, pertenecen al motín.
Todo el que tiene en el alma una rebelión secreta contra un hecho cualquiera del Estado, de la vida o de la suerte, tiene afinidad con el motín, y desde que se presenta empieza a temblar y a sentirse conmovido por el torbellino.
El motín es una especie de tromba de las atmósfera social que se forma de repente en ciertas condiciones de temperatura, y que en sus remolinos corre, truena, arranca, corta, rompe demuele, desarraiga, arrastrando consigo los ánimos grandes y pequeños, el hombre el fuerte y el débil, el tronco del árbol y la arista de la paja.
¡Desgraciado a quien arrastra, lo mismo a aquel con quien choca! Los estrella uno con otro.
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En este libro no manifestaremos más que un lado y un episodio, seguramente el menos conocido, las jornadas de los días 5 y 6 de 1832, pero lo haremos de modo que el lector entrevea, bajo el sombrío velo que vamos a levantar, la figura real de esa terrible aventura del pueblo”.
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Todo es muy raro, caracho, como diría Victor Hugo: “el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable; para los temerosos, lo desconocido; para los valientes, la oportunidad”.
Gil s’en va