Ecología de la imagen

Ciudad de México /
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La artista suiza-mexicana Olga Burkard expone de manera simultánea en México y Ginebra, Suiza, territorio con el que existe un enlace familiar; su obra es presentada por una galería en el sur de la capital, un espacio que busca nuevas formas y técnicas alrededor de la fotografía, como es la muestra actual.

En Sistemas vivos, ecología de la imagen, título de la exposición, convergen la fotografía, el dibujo digital y la pintura, que evocan organismos, paisajes y ecosistemas imaginarios, iconografías que de pronto semejan algas marinas que parecen sumergidas en el fondo de los océanos.

Hace poco la artista viajó de México a Ginebra, luego de inaugurar sus cuadros en la galería Claroscuro, con domicilio en la calle de Tecoyotitla 122, colonia Florida, alcaldía Álvaro Obregón, a pocos metros de la avenida Insurgentes Sur.

“La historia de la artista es bastante sui generis”, apunta Víctor Martínez, curador de la exposición. Para empezar ella es diseñadora.

Eso y más.

“Ella es mexicana de padre suizo y mamá mexicana, nacida en México y criada en México”.

Olga estudió diseño gráfico en nuestro país e hizo una maestría en Ginebra. Trabajó como diseñadora en la industria médica. De modo que su arte gira en torno a esos dos universos.

“El mundo de lo análogo y lo hecho a mano con lo digital, en cuanto a lo técnico”, refiere Martínez, “mientras que en la parte conceptual, justo, el papá de Olga, fue científico, hombre de ciencia; la mamá, diseñadora de modas.

En general la base de su obra es la fotografía, que interviene y transforma digitalmente.

Hay una parte de la colección, ciertamente, que son piezas completamente digitales; las más grandes, mientras tanto, son intervenidas con veladuras —así se llama la técnica— de acrílico.

“Entonces cuando uno las ve de lejos, observa manchas; pero cuando uno se acerca, descubre unas transparencias bien interesantes”, precisa Víctor Martínez.

La singularidad de la artista es que mezcla y explora diversas técnicas, de tal modo que no tienen límites para hacer esos cruces.

Olga estudió diseño a finales de los ochenta, cuando no había ni asomo de lo digital, por lo que todo se hacía a mano.

En seguida aprendió a utilizar la computadora y entiende que puede ser un medio de expresión importante, por lo que hace estos vínculos, lo que se convierte en una tendencia.

Hay artistas que solamente trabajan lo digital; unos más, en cambio, pasan de lo análogo a lo digital y al revés.

Son búsquedas constantes.

Y desde Ginebra, Suiza, hasta Ciudad de México, Olga Burkard confirma la capacidad del arte para generar conexiones, abrir diálogos y construir nuevas formas de comprender el mundo desde una perspectiva multidisciplinaria y global.

Las dos exposiciones, agrega Víctor Martínez, consolidan a Burkard en su trayectoria, pues tiende un puente entre Europa y América a través de un lenguaje visual que trasciende fronteras.

En Ginebra, Suiza, su obra se presenta en Galerie Katapult, donde su investigación en torno a la relación entre la memoria, la percepción y la abstracción dialoga con el panorama del arte contemporáneo europeo.

Y más que una coincidencia geográfica, las dos exposiciones representan “un diálogo entre contextos culturales distintos que tienen un punto de encuentro en la imagen contemporánea”.

Desde Ginebra hasta Ciudad de México, añade el curador, Burkard confirma la capacidad del arte para generar conexiones, abrir conversaciones y construir nuevas formas de comprender el mundo desde una perspectiva sensible, interdisciplinaria y global.

Y nos despedimos de este espacio, uno de los pocos que, además de tener la peculiaridad de ser itinerante, está enfocado la fotografía, ahora mismo asociado con el Museo Nacional de Arte de Bolivia, cuya directora muy pronto expondrá en esta sala, que para entonces cambiará el nombre de Claroscuro al de su propietaria, Jeannette Arévalo Angus, quien promete más novedades.


  • Humberto Ríos Navarrete
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