Hay un boom de barberías. Es el regreso múltiple al pasado. Y algunas tienden a ampliarse, como La Única, en la calle Guadalajara, colonia Roma, con mobiliario de hace más de un siglo, como sus sillones restaurados y el uso de fragancias y cremas importadas, algunas de Los Ángeles, California, donde radicó Beto, quien empezó a trabajar desde los 12 años en barberías de Ciudad de México y ahora, junto con Alejandro Muedano, montaron este negocio, al que después llegó Mónica Lezama, entre otros, una rockera que de niña soñó con afeitar barbas.
La decadencia de las barberías, coinciden, inició en los años 60 y 70, cuando los hombres empezaron a dejarse crecer el cabello, de modo que para darle forma visitaban los “salones de belleza” y de pasada se pespuntaban la barba; estos negocios, al correr de los años, agregaron la palabra unisex, un término que algunos asimilaron con cierta timidez, mientras que otros se aproximaban sin ningún reparo a las también llamadas “estéticas”. Entonces también se acuñó la palabra “estilista”, un término que los dedicados a cortar barbas rechazan como denominación.
Los barberos parecen esculpir rostros barbados. Así lo hace Beto de la Luz, de 40 años, barba hirsuta la suya, quien usa instrumentos antiguos, desde el sillón, que data de 1908, hasta esa maquinita de acero inoxidable que trae como guante en el puño derecho, listo para masajear al usuario, como parte del servicio, que también incluye una cerveza, agua o un güisqui. Un barbero —aclara—perfila la barba y corta el pelo; un peluquero, en cambio, nada más hace lo último.
Lo dice este hombre, de baja estatura, cuyo gusto por las barberías nació cuando iba en la secundaria. Luego se convertiría en una pasión y más tarde viajaría a diferentes partes de la República mexicana, con esa costumbre, y a ciudades de otros países, como Madrid y Barcelona, España, y Los Ángeles, en Estados Unidos, con tradición de barberías. Suman 25 años. “En los 60 y 70 se perdió el concepto de la barbería-barbería”, dice Beto, que así prefiere que se le nombre.
Desde una de las tres sillas, que datan de 1908 y 1919, Beto recuerda que sus clientes muestran satisfacción, “porque ellos ven la diferencia de las estéticas y la peluquería”, dice. “Tenemos clientes desde que abrimos, hace un año; y yo, de dos o tres años, a los que les vengo manteniendo la barba, solo un recorte, una alineada, y vienen cada tres, dos o tres semanas”.
—Usted recolecta mobiliario y accesorios.
—Lo más básico: sillones, lavabos, máquinas de masaje, tijeras, portanavajas. Un servicio clásico, pero adaptado a los tiempos de ahora; maquinaria moderna con servicio de antes. Por ejemplo, usamos aceite especial para suavizar la barba y el vello, para que la navaja corra mucho más fácil.
—¿Es como retroceder en el tiempo?
—Mire: tenemos clientes de 40 años que vienen con sus papás y dicen: “ah, mira, así era la barbería donde me llevabas de niño”.
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Mónica Lezama tiene 28 años de edad. Creció con el gusto por la música y “la peluqueada”, dice, “y traté de combinarlo, pero ahora ya me dedico más a peluquear y a la barbería”.
—Ya de lleno…
—Sí, porque me dediqué más a la música, pero es difícil sobrevivir, más en el rock. Ahora vienen amigos músicos de varios grupos, o me buscan y dicen: “sabes qué, hazme un corte porque voy a ir a tal show o a una entrevista”. Ahora sí que todo va de la mano.
—¿Y cómo aprendiste?— se le pregunta a esta roquera, de coloreados tatuajes que culebrean en su piel blanca, diestra en el manejo de las tijeras y la navaja, que desliza con suavidad, como si esculpiera la barba del cliente.
—Ahora sí que primero aprendí yo sola, por curiosidad, pues mi mamá cortaba cabello. Ella me enseñó lo básico, con tijera; después yo quería aprender esto de la barbería y peluquería, pero era muy difícil. Les empecé a preguntar a mis amigos peluqueros que tenían sus barberías; venía y les ayudaba, les barría el cabello —sonríe— y así, poco a poco, me fui metiendo a la barbería y a la peluqueada.
—Sobre la marcha…
—Sí, ya después, con el transcurso del tiempo, vas tomando cursos y siempre estás aprendiendo, nunca terminas de aprender.
—¿Están de moda las barberías?
—Se están retomando la barbería tradicional, el corte y el servicio. En los 60 fue el boom de los chicos jipis, que se dejaron el cabello largo, y hubo una combinación rara de las estéticas. La barbería es un estilo de vida; muy padre, la neta, la convivencia. Muy diferente a una estética: no somos estilistas —vuelve a sonreír esta mujer de voz suave, con figuras de tatuajes que brotan zigzagueantes del cuello a las sienes—, nosotros nos dedicamos al cabello y a las barbas.
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La Única —comenta Alejandro Muedano, que estudió Mercadotecnia y dejó el trabajo en una empresa para formar la suya— “nace de la relación de amistad que se fue dando con un barbero”, del que era cliente, “y de pronto se convirtió en una pasión y terminó en un negocio, al que estoy dedicado al ciento por ciento”.
—¿Están de moda las barberías?
—Yo creo que no. La barbería tiene más de 300 años de historia, a diferencia de las estéticas, que salieron hace 60, en la época de los Beatles y los Rolling Stones, cuando los hombres empezaron a dejarse el cabello largo; por eso el hombre emigra de la barbería a la estética. Tal vez el dejarse la barba se puso de moda, pero creo que es algo que regresó para quedarse.
—¿Son hipster?
—Aaaahhh. Es una línea muy delgadita y difícil de diferenciar. Hay gente que ha usado barba toda la vida, ya sea por tradición de familiar; otros, de pronto, se suben a esta ola, que porque un actor, que cierto artista o deportista usa la barba. En este negocio todos son bienvenidos; al final, la idea es ayudarlos y guiarlos en ese camino de cuidado de su barba y de su imagen, principalmente.
—Ustedes también tienen relación con peluquerías de Los Ángeles, California, a las que les compran productos.
—Sí, en este camino, también, y la gente que trabaja en este lugar, pues tiene bastante experiencia y conoce gente de diferentes barberías; digo, fuera de estar peleados con todos, lo que nosotros buscamos son amigos que nos ayuden a crecer y asesorar, ¿no?, en tendencias y productos.
—El mobiliario es antiguo, original.
—Para nuestro estilo, buscamos eso: piezas únicas que, a pesar de que cuesta trabajo encontrarlas, pues aquí las tenemos. Entonces imagínate cuánta gente no se ha sentado en esas sillas, y todo lo que pasó, todas las historias que se contaban. Pensar en eso se nos parece maravilloso.
— ¿Es una tendencia ascendente?
—Ceo que se retomó para quedarse, porque yo también fui de esos que de pronto empezamos a ir a las estéticas porque ya no había barberías; ahora regresamos a este lugar y difícilmente vamos a volver a otro que no sea una barbería.
Es el retorno de un oficio.
Y parte de la competencia radica en que proporcionen buen servicio, algunos rodeados de accesorios originales, con atención y aromas que parecen transportar al pasado.