Aguafiestas

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Luis M. Morales

M+.- Siglos de evolución nos han dejado una herencia envenenada. Según los neurólogos, nuestro cerebro se concentra en los aspectos hostiles de cada situación y relega a un distante segundo plano los alicientes más placenteros. Es lógico. Podríamos subsistir sin gozar pero en cambio sería mortal ignorar las amenazas. La selección ha favorecido a los más aptos para sobrevivir, no a los más propensos a ser felices.

Cualquier contrariedad nos amarga el disfrute de nuestras ventajas, como le sucedía en un antiguo cuento chino a un cantero a quien se le hacían realidad todos sus deseos. Primero anheló transformarse en un rico comerciante. Por arte de magia, su súplica fue atendida. Sin embargo, viendo pasar la escolta de un alto dignatario, lamentó no haber aspirado a prefecto. Lo fue en el acto, pero en breve lo destinaron a una remota provincia. Entonces envidió al emperador y sin demora ocupó el trono. Poco después una sequía asoló el país, probando el soberbio poder del sol. El cantero quiso transformarse en el astro rey y también se le concedió. Pudo admirar el incomparable espectáculo del mundo hasta que unas nubes se interpusieron. Incapaz de soportar que le cegaran, prefirió ser nube y el cambio no se hizo esperar. Pero entonces un soplo de aire lo deshilachó, así que suplicó volverse viento. Azotó el campo con fuerza huracanada, pero se estrelló contra una montaña. Soñó con ser un pico altivo y lo obtuvo. Cuando creía haber alcanzado la felicidad máxima, notó que un cantero le atormentaba con su mazo y añoró su antigua vida. Todos somos así: nos fijamos mejor en lo peor. 


  • Irene Vallejo
  • Irene Vallejo Moreu es filóloga y escritora española.​ Por su libro El infinito en un junco​ recibió el Premio Nacional de Ensayo 2020 y el Premio Aragón 2021.​ Publica su columna Los Atltas de Pandora.
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