Muñoz Valenzuela desde Chile

  • Ruta norte
  • Jaime Muñoz Vargas

Laguna /

Cuento desde hace diez años con la amistad de Diego Muñoz Valenzuela, escritor chileno prolífico y reconocido. 

Entre muchas otras editoriales, lo ha publicado el FCE, y en estos días me ha enviado por mail varias reflexiones sobre lo que pasa en Chile. 

Su pedido es que, quienes podamos y queramos, le hagamos eco. Así sea pequeño, aquí está el mío en este palmo de papel:

… Hemos vivido décadas sometidos a diversos tipos de censura y adormecimiento. 

Primero fue la quema de libros, la censura expresa, la falta total de libertad de expresión, la represión brutal. 

Después la televisión, el consumismo irracional, el estrangulamiento económico de los medios de comunicación independientes (…), la concentración de los medios en consorcios económicos. 

En estos días hemos advertido el efecto nocivo de estos medios controlados por quienes controlan el poder económico. 

Por suerte tenemos las redes sociales. Pero necesitamos prepararnos y aprender mucho esta nueva fase, sobre todo si queremos que el pueblo gobierne. 

Somos el resultado de un modelo que no ha privilegiado la educación y eso implica que tenemos un déficit. 

Yo propongo que volvamos a leer, toda clase de libros, porque necesitamos más palabras y más pensamiento. 

Mal que mal, tenemos que redactar una nueva constitución y todos debemos contribuir, no solo los delegados constituyentes.

… Requerimos ponernos de acuerdo entre personas que piensan diferente, que tienen historias distintas: formación, aficiones, anhelos, saberes, creencias, habilidades singulares. 

Y tenemos que construir una gran mayoría. Es una oportunidad fantástica. 

Si no le vemos así, pienso que es un error. La infancia se caracteriza por la priorización del cumplimiento del deseo personal en forma inmediata. 

La madurez en la capacidad de comprender que hay millones de otros deseos (la famosa y compleja empatía, de la cual solemos carecer) y que debemos aceptar que no todos se pueden cumplir al mismo tiempo. 

Y que debemos priorizar los problemas más acuciantes. El gran desafío de la tolerancia: convertirla en un desafío personal, no en una mera carencia de los demás. 

Comprender al otro, asignarle un valor, no despreciarlo a priori. (…) Esto es la democracia.

[Necesitamos] Inteligencia, que es un producto que requiere dos ingredientes básicos: el conocimiento y la tolerancia. 

Para crear una sociedad nueva en la pizarra —y después para construirla, un desafío mucho mayor— necesitamos ideas antiguas y nuevas. No podemos despreciar ningún aporte, no podemos darnos ese lujo...

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