Cárdenas, Copérnico mexicano

Laguna /
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1988. Suenan las boletas electorales. El conteo aparece en esas televisiones grises. Cae la noche. Cárdenas lleva la delantera. Se apaga el televisor. “¿Se fue la señal?” preguntaban. No, no se había ido. Cayó el sistema. Al regresar, Gortari gana. Hoy recordamos aquel conteo tan reñido. Quizás el fraude electoral más grande hasta la fecha. El miércoles murió ese rayo de esperanza izquierdista: Cuauhtémoc Cárdenas, el hijo del mejor presidente de México. Podría hablar semanas sobre lo que los Cárdenas nos dieron como políticos, pero bueno, eso es tema de otra columna. Ahora, ¿qué significó el fundador del PRD para México? ¿Por qué nos importa su muerte?

Podemos recordar a Nicolás Copérnico por quitar a la Tierra del centro del universo. La Iglesia lo persiguió. Le llamaron hereje. Copérnico cambió el mundo, nos entregó la verdad, una oportunidad para aprender y saber que hay otro camino. Cárdenas hizo lo mismo en la política mexicana: nos dio una alternativa. Quitó al PRI del centro del universo político. Por primera vez en la historia, la dictadura perfecta (como la llamó Mario Vargas Llosa) parecía llegar a su fin. No sucedió. Por lo menos, no en ese momento. La Iglesia no lo persiguió, pero si los demonios hambrientos de almas como la suya.

La muerte de Cárdenas no solo es la partida de un hombre, sino también de un ideal. Existió un sueño, tan solo replicado por la terquedad de Andrés Manuel López Obrador, heredero de ese sueño de cambiar al país. Yo le acuño la pérdida del PRI a Cárdenas. Claro que él lo hizo. El PRI se puso a la defensiva después de semejante golpe a su “institución”. Y eso fue lo que les destruyó. Cambiaron al pueblo por un sexenio. Prefirieron robar una elección que respetar la democracia.

El ideal republicano e izquierdista mexicano nació con Juárez, revivió con Lázaro Cárdenas, y permaneció con su hijo. Una trinidad democrática, republicana y leal al pueblo de México. Ahora, a todos los izquierdistas nos duele su partida. Permanece la herida abierta del México que pudo ser, de tener a un hombre de tan grandes valores al frente de nuestra bella nación. En 1988 la democracia fue abusada y denigrada. Pero ese rayo de esperanza lo conservó AMLO.

En 2018 se cumplió ese sueño: por fin llegó la izquierda al poder. Sí, pasaron cosas demasiado cuestionables en el sexenio de Obrador, pero afrontémoslo, sacudió al país como debía. Ese temblor nacional solo había sucedido en 1988. Ahora, mi querido Cárdenas, lloramos tu partida, pero conservamos tus ideales en el corazón. México terminó con esa dictadura, y puede ser que la cambió por otra. Eso, solo nos lo dirá el tiempo. Por ti, y por el pueblo bueno y sabio, ¡salud!

  • Jesús Antonio Mendoza
  • Estudiante de Derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Colaborador en la sección de literatura de Telediario Radio y El Supuesto, periódico universitario del ITAM.
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