¿Et Deus?

Laguna /
Únete al canal de Milenio

Todos tenemos una necesidad espiritual. Es imposible decir que no se cree en nada. Quizás le llame ateísmo, pero la religión es algo tan esencial como el alma y el cuerpo. C. S. Lewis ya nos dijo que somos un alma que tiene cuerpo, y no podría estar más de acuerdo.

Dios es más accesible de lo que se piensa. Necesitamos, empero, creer en algo. Freud llamaba al cristianismo una neurosis colectiva y, en parte, también tiene razón. Rezamos a diario y pensamos en deidades cada que sentimos que algo anda mal. Claro que usted cree en Dios, el judeocristiano o cualquier otro. El que no cree en “nada”, cree en sí mismo ¿Por qué?

Si uno enfrenta un problema, por instinto de supervivencia intentará superarlo. Ahora, ¿qué sucede? Hay dos caminos: o pedir a Dios, o confiar en uno. El cristiano gritará en desesperación, el ateo callará y hará su trabajo. No cambia el acto de necesidad, solo el destinatario. Por lo tanto, el instinto de supervivencia es también un rezo. Las letanías a la virgen son tan espirituales como los aforismos de Nietzsche. Entonces, la supervivencia se convierte en una manera de pedir a una autoridad.

Hace varias columnas dije que rezar era una actividad interior. Aquí la razón: uno cuando reza intenta callar ese instinto de supervivencia, decidir que, como diría Nietzsche, aplazar la vendetta por un Dios que se vengará por nosotros; en este caso, un Dios que trabajará por nosotros. No le digo que sea ateo, pero estoy seguro de que usted se levantará más fácil si no suplanta la fe por el trabajo. Entonces ¿por qué necesitaría a Dios? Fácil, para darle valor al trabajo. Si usted fracasa, llamará a esto “el plan divino”.

Es más sano dejar a Dios en la Iglesia que cargar un rosario como amuleto. San Agustín, Padre de la Iglesia, dijo “Reza como si todo dependiera de Dios, trabaja como si todo dependiera de ti.” A esto me refiero. Necesitamos a Cristo no como un hombre viéndonos desde el cielo, sino como un centro de imputación de valores y derechos. Así, deja usted de creer en sí mismo y caer en una desesperación que terminará, quizás, en el suicidio.

Callo más para no convertirme en hereje, si no es que ya lo soy. Creer en sí mismo sería la verdadera neurosis, caer en el absurdo, convertirse en carne y hueso que solo piensa por unos cuantos nervios. Si se atreve a creer en una deidad, su vida cobrará sentido. Si no lo hace, hágase su propia vida. La muerte es demasiado prematura para encontrar la verdad.

  • Jesús Antonio Mendoza
  • Estudiante de Derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Colaborador en la sección de literatura de Telediario Radio y El Supuesto, periódico universitario del ITAM.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite