El 30 de octubre de 1966 fue ordenado sacerdote José Natividad Fuentes, proveniente del Seminario Mayor de Toluca.
En parte se explica que llegó para el presbiterio de Torreón por el estilo de renovación eclesial que inspiraba Don. Fernando Romo Gutiérrez, entusiasta seguidor de las líneas del Concilio Vaticano II que entusiasmó a más de una docena de estudiantes jóvenes, que, en ese tiempo, pidieron su ingreso a esta diócesis, que formaron parte de la primera generación de presbíteros que con entusiasmo siguieron las mismas rutas del Concilio que entusiasmaban tanto en ese tiempo.
En tales años se desarrollaban políticas públicas de desarrollo en América Latino, que produjeron un engaño social llamado subdesarrollo, fue entonces cuando la Iglesia Católica no la única, señalaron que la solución para la paz y para que los pueblos adquirieran bienestar, ni un sistema ni otro eran solución, sino el camino estaba por vías de liberación.
Se enojaron muchos gobernantes, personeros de la iniciativa privada -no todos-, algunos intelectuales que, aunque obstaculizaron los caminos de la Iglesia que siguió, con sus pastores, abriendo ojos a la realidad.
Aquella época ya pasó, pero dejó metodologías, dejo criterios, opciones pastorales por los pobres, pero el mundo sigue evolucionando, y la Iglesia, en su más alto magisterio acompaña y no se queda atrás. Hay que caminar con la Iglesia.
Pero notamos que el mundo de la política y del dinero están en franco retroceso que repercute en varias visiones equivocadas de la realidad, entre las que están la vida adulta, llamada en forma no muy adecuada, “la tercera edad”.
El Papa León XIV advierte: “Hoy nuestra relación con la vida parece estar en crisis.
Todo lo que representa un “limite” -incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad tiende a ser leído principalmente como defecto que hay que corregir, más que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación, en cambio, debemos recordar que el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite.
Una visión de la realidad a la luz de la fe ayuda a reconocer lo que llamamos “contingencia” de las cosas de este mundo.
Si por algún lado es necesario tratar d, e eliminar el sufrimiento que marca la vida humana, por el otro, es sabio reconocer nuestra finitud constitutiva, sabiendo que “la experiencia religiosa, en particular la fe cristiana, proponen habitar sin simplificaciones esta ambivalencia entre la grandeza y el límite de la humano, interpretándola a la luz de la relación originaria y fundante de Dios”. León XIV, Magnifica Humanitas, núm 118).
Queda para todos el gloriarnos de nuestros adultos mayores, que no son ni un estorbo, ni una carga sino que siguen siendo alimento del vivir y sabiduría, ahora que cincuenta años después de aquella publicidad: “vámonos haciendo menos”, “familia pequeña vive mejor”, “pocos hijos para darle mucho”, ya comenzamos a padecer los efectos con el fenómeno de la despoblación, cuando ya en promedio, las jóvenes familias comienzan a tener un índice bajo de nacimientos, pero con abundantes mascotas