El 22 de agosto del presente año. Cumplieron cuarenta años del ejercicio ministerial, los presbíteros José de Jesús Contreras, Javier Gómez, Víctor Santacruz y José Luis Gómez. Ordenados presbíteros en tiempos en los que el Obispo Dn Fernando Romo Gutiérrez aún era Obispo residencial, pero gobernaba la Diócesis de Torreón, en corresponsabilidad con el entonces Obispo Coadjutor, Dn. Luis Morales Reyes.
Los tiempos aquellos eran buenos en la comunicación de presbíteros y laicos.
Al mismo tiempo que se observaban tensiones, desconfianzas, sospechas, eran tempos de diálogos abiertos entre sacerdotes, entre laicos.
Todos íbamos construyendo el futuro Plan Diocesano de Pastoral, que se inició en 1988.
Se vivía por entonces en tiempos esperanzadores para la pastoral diocesana.
Habíamos salido de unos años rudos pero sin perder la esperanza de la unidad como Pueblo de Dios.
¿De dónde veníamos? Un día, el P. Tobías de la Torre fue ponente en un retiro espiritual para sacerdotes que tenían arriba de 25 años de ordenados sacerdotes.
Aquel retiro fue en el Santuario del Cristo de las Noas.
Estuvieron presentes los entonces dos obispos.
En tal fecha, el ponente nos señaló como un punto nodal, que los ahí presentes obraban conforme a las orientaciones del Concilio Vaticano II, y Medellín, con sus tensiones en ambas asambleas eclesiales, pero sin ánimo de romper la unidad pastoral ni la dirección que marcaban los obispos diocesanos, a los que se reconocía como cabeza de la comunidad diocesana.
Este primer movimiento pastoral de impacto le dio mucho dinamismo a todo el Pueblo de Dios.
La unidad se generaba a partir de un Pla Diocesano, elaborado por todos -presbíteros, religiosas, laicos-, con pocos objetivos comunes, elaborados en asambleas eclesiales, en abierta discusión, hasta que se lograba una propuesta que cuadrara a todos, para después ir a los campos de las ciudades laguneras y a las periferias, adaptando a las condiciones de cada comunidad, lo acordado.
No se trataba de encasquetar una camisa de fuerza a cada comunidad, ya que había sido una elaboración de comunidad para nuestras comunidades.
Llevar un trabajo pastoral compartido, es una tarea de todos.
Se trata que de alguna manera el Pueblo de Dios esté involucrado en el quehacer pastoral y parece que eso cuesta, porque vivimos tiempos no aptos para que la palabra que dice el pueblo encuentre causes adecuados para que sea una expresión popular que se acepte con caridad para que sea bien atendido.
Regañan al pueblo o correrlo, no corresponde a la Iglesia, como Pueblo de Dios.
Hay que abrir puertas.