Basta que nos reunamos un pequeño grupo familiar, de amigos, de estudiantes, de políticos, etc., para que asome una variedad enorme de desacuerdos, sobre todo cuando platicamos sobre religión, política, historia… vivimos en la feria de los desacuerdos.
Los temas que actualmente vuelan la barda son sobre todo la política, la religión, la historia.
A eso se añade el hecho de que vivimos una cosecha de mentirosos, como Donald Trump y una herramienta para multiplicar las mentiras como son muchas redes sociales.
Se añade que hay un buen número de ciudadanos de éste mundo que gozan las ventajas que las mentiras propagan y que se montan en sus ventajas hombres y mujeres sin escrúpulos, como quienes ocupan los puestos en la presidencias de la república sin ser capaces de renunciar al puesto adquirido ilegítimamente, aunque legalmente esté fundamentado.
Es deber de conciencia, deber moral, buscar la verdad, proteger la verdad, aceptar las consecuencias de las indicaciones de la verdad.
Por ser fieles a este deber, hacemos reuniones en las que ponemos en común que ya no oímos ni vemos algún noticiero, que ya no leemos ningún periódico; pero si algún comunicador dice lo que a cada quién le agrada, ese es un santo, un valiente, un profeta bíblico.
Con este pensar, la verdad pasa a ser alimento de conciencias débiles para llenar vacíos dejados por la pereza, por no unirnos a discutir sanamente en búsqueda de la verdad.
El Papa Juan XXIII nos recordó que la historia es maestra de la vida. El Papa Francisco y ahora León XIV, escribiendo a los jóvenes, señalan que muchos quieren a los jóvenes totalmente vacíos de conocimientos históricos.
El Papa Francisco decía esto: “Piensen esto: si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren al futuro que él les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que él les diga?
Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo para que solamente confíen en sus promesas y se sometan a sus planes” (Christus vivit, núm. 181).
En los últimos meses se ha desarrollado una campaña muy fuerte que llama orden a la inteligencia artificial y toda la amplitud de la digitalización.
No se le quiere anular o suprimir, sino solo regular, ya que en los niños y adolescentes se está viendo qué disminuye la capacidad cognoscitiva, provoca ansiedades y otros males sicológicos, que hay que observar, porque no es cosa menor.
A esto se añade que el Papa León XIV ha publicado su primera encíclica llamada “Magnifica humanitas”, que es presentada como una defensa de la persona humana en tiempos de la Inteligencia Artificial.
El escrito ha llamado la atención de muchísimas personas.