“Lo más valioso que tiene el mundo es su población”. Esto lo dijo la delegación China en la conferencia mundial de población de 1974, en la ciudad de Bucarest, en 1974.
En tal conferencia, uno de los participantes por México fue Antonio Carrillo Flores, quien manifestó: “nos reunimos en Bucarest por amor y no por temor a la vida”.
Valiosa afirmación que contrasta con quien era su jefe entonces Luis Echeverría Álvarez, Presidente de México en ese tiempo, famoso por ser padre de doce hijos y que por las circunstancias de su tiempo, se vio obligado a pedir un préstamos de tres mil millones de pesos al Fondo Monetario Internacional, donde le dijeron que sí, pero entre las condiciones que le pusieron -fueron varias- una que mucho se comentó fue que se implementaran políticas de control natal, dado que la Nación mexicana duplicaba su población cada veinte años.
Obediente a tales indicaciones, nació una publicidad que entre muchas afirmaciones estaban: “pocos hijos para darles muchos”, “vámonos haciendo menos”, “familia pequeña vive mejor”, etc., propagandas basta como el anuncio de cualquier refresco o cerveza.
La tal propaganda se acepto con furia, incluso por empresarios poco reflexivos, como los que urdieron regalares televisores a unos ejidatarios que no tenían ese aparato.
Al poco tiempo, los empresarios prácticos, acudieron al ejido para ver los resultados, pero la natalidad siguió sin variar.
Entonces se les pregunto: ¿en que emplean el tiempo los domingos? –“en hacer hijos”. ¿Qué no les gusta el futbol”? -no le entendemos a nosotros nos gusta el beisbol de nuestros llanos”.
Era difícil el cambio de mentalidad, porque en parte chocaba con la realidad, como lo pudimos constatar con unos compadres de la Colonia Magdalenas, uno con ocho hijos y otro con uno. “El problema es distinto, yo tengo ocho hijos y nunca me alcanza para la sustentación del hogar. Yo tengo un hijo, y cada fin de quincena estoy con el Jesús en la boca, ya que tampoco me alcanza.
El problema es el reparto de la riqueza cubra para todos”. La conversación se hacía larga y atrevida, como el cuento de nunca acabar.
Por ese tiempo, la Conferencia Episcopal publicó una Carta Pastoral sobre la llamada Paternidad Responsable, que no agradó en sus planteamientos, y aunque no había relaciones Iglesia- Estado, de todas formas, se las ingeniaron para que la citada Carta Pastoral estuviera más de acuerdo con las políticas del Estado.
Las correcciones no fueron del agrado del pueblo.
Han pasado lustros y ahora, tanto muchachos como muchachas, en número respetable, no quieren tener hijos y esto ha dado el resultado de que México, según publicación reciente el INEGI, el promedio de hijos por familia es de alrededor de uno, seis por ciento, o sea, en términos demográficos, ya no se da el bono demográfico, esa medición que señala la necesidad de reponer la población.
Ya hay países que no tiene la suficiente mano de obra para sostener su plata productiva.
Buena tarea pastoral nos espera, para reflexionar con tino sobre el verdadero significado de la paternidad responsable.