Los medios de incomunicación social

  • Areópago
  • Jesús de la Torre T. Pbro.

Laguna /
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Hace varios lustros que con fina ironía, Mario Benedetti, llamó “medios de incomunicación” a prensa, radio, televisión, cine, etc., ya que su función de comunicación entre personas y comunidades, se había dañado gravemente, por el ejercicio de enredar a las personas y comunidades con sus abundantes y sesgadas informaciones que daban por resultado el que la gente se enredara con la información, ahora, con la proliferación de la información por las modernas técnicas de comunicación, la gente ha optado por ya no leer, ni oír, ni ver lo que trasmiten los medios de comunicación porque las mentiras están de moda y se elige creer lo que cada quien quiere creer, sin apego a la información que nace de la realidad. 

En buen enredo que estamos.

Pero ha llegado la era de la inteligencia artificial (IA), con otros medios acompañantes, que, entre otros trabajitos, multiplican las mentiras por millones de veces, y en los niños y niñas, antes de que se desarrolle bien su cerebro, se clavan los chavitos y chavitas en las pantallas pequeñas, creando verdaderas adicciones, en México se está dando un debate, y ya para estas horas, en diez y seis Estados de la República, se está prohibiendo, para niños y niñas, su uso en las aulas escolares. 

Unos papás están muy preocupados, pero otros no tanto.

Por lo pronto estamos en un agudo problema que afecta hondamente al derecho a la información para conocer la verdad, no obstante que está de moda el mentir. 

El Papa Pablo VI, nos dijo: “Es necesario que el hombre de nuestro tiempo conozca las cosas plena y fielmente, adecuada y exactamente, primero para comprender al mundo, sujeto a mutaciones, en el que se mueve, después para adaptarse a las cosas mismas que con un constante cambio exigen cada día un criterio y juicio, para así participar activa y eficazmente pues en su ambiente social, y por último para hacerse presente en las distintas situaciones económicas y políticas, sociales y religiosas de hoy. 

Al derecho que nace de estas necesidades apuntadas, corresponde la obligación de adquirir información de las cosas; pues este derecho no podrá ejercerse si el hombre mismo no se esfuerza por informarse” (Pablo VI, C, y P, núm. 34).

No nos contentemos sólo con exigir que no nos mientan. 

Es necesario saber elegir los canales adecuados que nos lleven al conocimiento de la verdad y esto no deja de ser difícil, aún en la Iglesia, pues por algo el secretario de Estado, dicen que les dejó a los Obispos, que le bajen la crítica al Estado.

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