¿Qué tal si ejercemos el jamás proclamado derecho de soñar? Deliremos por un ratito, clavemos los ojos más allá de la infamia para adivinar otro mundo posible:
La gente no será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor. El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha o la lavadora.
La gente trabajará para vivir en lugar de vivir para trabajar. Se incorporará a los códigos penales el delito: Estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega.
En ningún país irán presos los jóvenes que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo. Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo; ni calidad de vida a la cantidad de cosas. Los historiadores no creerán que a los países les guste ser invadidos. Los políticos no creerán que a los pobres les encante comer promesas.
La muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero. Nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene.
El mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza. La comida no será una mercancía ni la comunicación un negocio, porque comida y comunicación son derechos humanos. Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle; los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos.
La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla. La policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla. La justicia y la libertad, condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse. Los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar.
Pero en este mundo chambón, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero. Eduardo Galeano.
Amigo lector, ¿qué opina?