El factor Claudia Sheinbaum

Ciudad de México /
Luis M. Morales

Hay cosas que no están saliendo bien para los intereses de la 4T. La más dañina, sin duda, un contexto internacional desfavorable en varios frentes, la mayoría de ellos desencadenados por el tsunami Donald Trump. En el terreno local el principal dolor de cabeza sigue siendo económico, en la medida en que el gobierno de Claudia Sheinbaum aún no ha podido impulsar la inversión, pública y privada, necesaria para detonar el crecimiento. Y sin crecimiento no habrá posibilidad de generar los empleos que el país necesita para sacar a la gente de la pobreza. Por otra parte, el crimen organizado y desorganizado resiente la estrategia seguida por la Presidenta y, si bien algunos indicadores comienzan a mejorar de manera categórica, el animal herido aún se ha vuelto más peligroso en algunas regiones.

No todas son malas noticias para Palacio, desde luego. En términos políticos el grupo gobernante no enfrenta mayores amenazas, pese al circo mediático que se monta cada dos días con la noticia o el exabrupto del momento. No hay oposición significativa y el gobierno mantiene niveles de aceptación y base social suficientes para conjurar riesgos de inestabilidad política y social, al menos por un buen tiempo. Claudia Sheinbaum ha ido tomando poco a poco control efectivo del aparato de Estado respecto a otros factores de poder, en particular dentro de su propio movimiento. Es un proceso que está lejos de haber terminado, pero tendencialmente camina en su favor.

Las variables macroeconómicas son aceptables: el peso mexicano mantiene su firmeza, la meta de la inflación no se ha conseguido, pero tampoco está lejana, y la calificación del grado de inversión en los mercados internacionales se mantiene.

Las exportaciones son otra buena noticia, pero su crecimiento no ha podido impulsar al resto de la economía. Buena parte de lo que exportamos se alimenta de insumos que importamos. El gobierno intenta construir las cadenas de vinculación con el resto del aparato productivo para que esa enorme capacidad exportadora genere millas de nuevas empresas y la ampliación de las existentes, pero eso no está sucediendo. Los empresarios no encuentran suficientes motivos para asumir riesgos, carga laboral o contraer créditos. Mucho tiene que ver con la inestabilidad del contexto internacional, el período en vilo en que nos encontramos en la negociación del tratado comercial y las dudas que aún persisten sobre el nivel de responsabilidad de los gobiernos de Morena respecto a los temas que les atañen.

En toda esta ecuación de variables, habría que considerar a Claudia Sheinbaum como un elemento cada vez más importante. Un factor de peso creciente dentro de la ecuación. Los empresarios y otros factores de poder real han comenzado a entender que en Palacio tienen un interlocutor racional y responsable, alguien que no hará despropósitos. Una y otra vez, la mandataria ha sabido corregir o matizar situaciones en las que las propuestas de su gobierno generaron descontento o produjeron inconvenientes inesperados. Los acuerdos anunciados la semana pasada, por ejemplo, encaminados a destrabar trámites, responden de manera categórica y práctica a una queja histórica del empresariado mexicano. Ahora cualquier gestión destinada a crear un negocio que no sea respondida en 30 días será considerada aprobada.

En la misma dirección caminan otras decisiones, como la reconsideración del fracking para efectos de la extracción de gas y petróleo o la búsqueda de nuevas formas de coinversión entre sectores privado y público, que sean realmente atractivas para ambas partes. Lo más importante es que el diseño de estas nuevas fórmulas se está haciendo en conversación con productores e inversores.

Ahora bien, perder la desconfianza no es lo mismo que tener confianza, pero es el principio. A pesar de pertenecer a un partido ajeno a sus intereses, Claudia Sheinbaum comienza a ser percibida por los empresarios como un activo y no un pasivo. Dentro de las muchas cosas que pueden no gustarles de la 4T, la Presidenta es un factor que ha pasado al otro lado de la ecuación. Los más avispados han entendido que en este acercamiento Sheinbaum tiene límites y responde a convicciones y compromisos sociales congruentes con su base social y vitales para la estabilidad política. Pero que, dentro de esos límites, está decidida a encontrar la forma para incentivar la inversión.

Habría que decir, sin embargo, que ese acercamiento por sí mismo no generará los montos de inversión que el país necesita. La incertidumbre empresarial o las razones que llevan a mantener el dinero en un fondo bursátil en lugar de medirlo a una fábrica o un invernadero responden a múltiples orígenes. Algunos de estos “desincentivos” son más importantes que otros, dependiendo de la región, la rama económica e incluso la carga ideológica de cada empresario.

Los inhibidores están allí y no van a desaparecer pronto. El gobierno intenta poco a poco modificar algunos de ellos, con mayor o menor resultado, pero el proceso tomará tiempo. Entre los que están en sus manos están seguridad, infraestructura, energía, cambios jurídicos, formación de personal, saneamiento de procesos administrativos.

Dos factores, sin embargo, tienen fecha de caducidad: la negociación del T-MEC y las elecciones de noviembre en Estados Unidos, que podrían arrojar un Congreso con mayor capacidad para vetar las imposiciones de Trump. El proceso del tratado comercial es importante porque nada genera más incertidumbre que la incertidumbre, y no es pleonasmo. No sé a qué atenerse en muchas ocasiones es peor que un resultado parcialmente negativo; lo primero genera parálisis, lo segundo estrategias de compensación y control de daños. ¿Cómo van a invertir en cadenas productivas que complementan el potente sector exportador si no saben cuánto de esa exportación sobrevivirá a las intenciones de Trump?

Un desenlace afortunado para México de estos dos factores, que se resolverá en cuestión de meses, podría destrabar la indecisión que atenaza a algunos oa muchos empresarios. Combinado con el efecto Sheinbaum y las modificaciones que está haciendo en el sector público, tendrán todo para dar inicio a una bolita de nieve que ponga en marcha a la economía. Ojalá.


  • Jorge Zepeda Patterson
  • Escritor y Periodista, Columnista en Milenio Diario todos los martes y jueves con "Pensándolo bien" / Autor de Amos de Mexico, Los Corruptores, Milena, Muerte Contrarreloj
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