Calamidad

México /

El cartujo se encierra en su celda, ante los días por venir recuerda el comienzo de La enfermedad y sus metáforas: “A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar”.

Susan Sontag escribió este libro poco después de ser diagnosticada con cáncer de mama, es un ensayo poderoso contra los estigmas de esta y otras enfermedades, es también el reclamo de un lenguaje directo y claro de los médicos a sus pacientes para evitar expectativas o temores infundados. La información —dice— es indispensable para procurar tratamientos adecuados, para poder regresar al reino de los sanos.

Sontag habla del cáncer, pero su reflexión puede aplicarse perfectamente al imperio del coronavirus, donde no se oculta el sol y a cada hora se incrementa el número de infectados quienes deben utilizar el pasaporte indeseable de la enfermedad. Es aquí, en este momento, donde más y mejor información se requiere, con la participación de especialistas y a través de campañas mediáticas intensas y fáciles de comprender para la mayor parte de la población, esa es la mejor manera de acallar rumores y conjurar o atenuar el comprensible miedo ante una pandemia todavía de pronósticos reservados.

 

Solvencia política

En Palacio Nacional, el viernes, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, habló de la decisión del gobierno federal de anticipar la fase 2 de la contingencia epidemiológica por el aumento de contagios, mientras el Presidente de la República continuó culpando a “los conservadores” de propiciar la desinformación sobre la propagación del Covid-19.

Más allá de dimes y diretes, en México hacen falta acciones claras y contundentes; es necesario utilizar de manera continua los medios, públicos y privados, para enviar mensajes sobre las medidas para evitar contagios, despejar dudas, indicar números telefónicos y centros de atención.

Hace falta altura política para tomar las decisiones correctas, así no sean bien recibidas en la plaza pública, ese espacio sagrado para quienes no viven sin el multitudinario aplauso.

En España, un mes después de la aparición de la epidemia de coronavirus, el presidente Pedro Sánchez anunció el estado de alarma en todo el país, cuando la cifra de infectados supera los 4 mil. En un durísimo editorial, el periódico El Mundo señala: “Sánchez, con un mensaje rayano en el sollozo, se dirigió a los españoles como ‘compatriotas’ pero no logró infundir confianza (…). Hace falta coraje y convicción, además de elevadas dosis de solvencia política. España necesita saber que quien está al mando no es un presidente que va por detrás de los acontecimientos, sino un líder que no titubea ni para explicar a los ciudadanos la realidad en toda su crudeza ni para ejecutar las medidas oportunas —por muy duras que sean— al amparo de la legislación vigente”.

Eso necesitamos también en aquí: un líder con solvencia política, no un político en perpetua campaña; alguien menos preocupado por pasar a la historia con estrellita en la frente y más atento a los problemas del aquí y ahora, entre ellos el de la salud de los mexicanos.

 

Oscurantismo

En la Introducción de El Decamerón, Boccaccio describe magistralmente el escenario de la peste en Florencia en 1348, contra la cual no hubo poder humano ni divino. “Contra ella fracasaron todos los esfuerzos de la previsión humana; ni los oficiales encargados de sanear la ciudad, ni la prohibición de que se permitiera la entrada de ningún apestado, ni las más prudentes precauciones, así como tampoco las más humildes plegarias dirigidas todos los días a Dios por las personas piadosas, fuera en las procesiones organizadas a tal fin o de otra manera cualquiera, pudieron impedir que en los primeros días del año comenzara a hacer los mayores daños”, dice el también autor de Genealogía de los dioses paganos.

Más de 100 mil florentinos murieron por esa epidemia. Muchos de ellos “por falta de auxilio oportuno y de los remedios necesarios”. En la actualidad, con los avances científicos y sociales y tantos medios de comunicación disponibles en todo momento para prevenir a la población, esa experiencia se antoja irrepetible. Pero en el camino se atraviesan algunos políticos salidos del medioevo, como el inglés Boris Johnson, quien ha decidido ir a contrapelo del resto de Europa. De acuerdo con el periódico El Mundo, aunque Johnson dijo: “muchas familias perderán a sus seres queridos” por el coronavirus, no cerrará las escuelas ni prohibirá la realización de espectáculos masivos. Para sus críticos, está anteponiendo la economía a la salud de los británicos y su actitud “es el reflejo del populismo más incompetente y peligroso”.

El cofrade espera de las autoridades de salud de nuestro país una actitud responsable y transparente ante la pandemia. Ojalá nadie muera por “falta de auxilio oportuno y de los remedios necesarios”, como decía Boccaccio. Es conocida la crisis en México por falta de medicamentos para pacientes con cáncer y la precariedad de los hospitales públicos, donde con frecuencia se carece de lo esencial. No es el mejor momento, pero el coronavirus ya llegó y se requieren acciones rápidas y eficaces para disminuir el número de víctimas.

Queridos cinco lectores, con el Jesús en la boca, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén. 

  • José Luis Martínez S.
  • Periodista y editor. Su libro más reciente es Herejías. Lecturas para tiempos difíciles (Madre Editorial, 2022). Publica su columna “El Santo Oficio” en Milenio todos los sábados.
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