Pasan los días y pasarán los años y las palabras de la presidenta Sheinbaum en Barcelona, el 18 de abril, seguirán resonando en el corazón del cartujo. En la IV Cumbre en Defensa de la Democracia apantalló a todos cuando dijo “vengo de la Pirámide del Sol, vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli, y de Coatlicue”. Ante la estupefacción general, continuó: “Vengo de una historia milenaria que no es pasado, es presente vivo en nuestras comunidades, en nuestras lenguas, en nuestra forma de mirar el mundo”.
Soslayó, convenientemente en estos tiempos de feminicidios, a Coyolxauhqui, diosa de la Luna, decapitada por su hermano Huitzilopochtli, quien la arrojó desde lo alto de un cerro, “de donde cayó desmembrada”, en palabras de Lourdes Cué.
Tampoco hizo referencia a Tezcatlipoca, dios del cielo nocturno en cuyo honor se realizaban sacrificios humanos, ni al Huei Tzompantli, “edificio destinado para que ahí se colocaran los cráneos de individuos sacrificados tanto en el Templo Mayor como en el juego de pelota en diversas ceremonias”, de acuerdo con Eduardo Matos Moctezuma.
En inverosímil salto cronológico, la mandataria mexicana dijo provenir de Hidalgo, Morelos, Leona Vicario, Josefa Ortiz, Benito Juárez… dejando en el olvido a Sor Juana (“En virtud de su audacia, su sinceridad y de su entrega es la primera autora moderna que afirma la libertad de las mujeres”, según Le Clézio); a Juan Ruiz de Alarcón, José Joaquín Fernández de Lizardi y otras figuras de la Nueva España, como los peninsulares Bernardo de Balbuena y Vasco de Quiroga, quien en Michoacán puso en práctica la utopía de Tomás Moro.
Quizá debería escuchar a Gonzalo Celorio cuando en su discurso de aceptación del Premio Cervantes, dijo: “La nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y de la cultura españolas, que le son inherentes. Con sus propias peculiaridades, en cierta medida derivadas de las culturas antiguas, en las que se ha intentado sobreponer la retrotopía del paraíso perdido, México es parte sustancial de lo que Carlos Fuentes denominó felizmente ‘el territorio de la Mancha’”. ¿Así o más claro?
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.