El tamaño real de Marcelo Ebrard

Ciudad de México /

El cartujo se pregunta: ¿Cuántas humillaciones puede soportar alguien para conservar encendida la flama de su esperanza? ¿Cuánta ambición es necesaria para hipotecar la dignidad y guardar silencio cuando se está en desacuerdo con decisiones ofensivas o absurdas de quien ostenta el poder, para no incomodarlo o caer de su gracia?

San Agustín, en su carta 145, escribe: “El hombre que teme el infierno no teme pecar, sino arder en él”. En nuestro país, muchos políticos no acatan imposiciones insensatas por concordar con el líder, sino por miedo a su abandono o represalias, aunque por dentro se estén consumiendo de rabia o vergüenza. Si pudieran hacerlo impunemente, cambiarían las cosas. Como lo haría sin duda Marcelo Ebrard, quien debe aceptar resignado los desplantes y embestidas de su jefe. Ese es el precio para conservar las ilusiones en la carrera presidencial de 2024, mostrando total sumisión en todo momento, como lo hace de manera ejemplar Claudia Sheinbaum, paradigma de obediencia perfecta.

Ebrard, lo sabe, tropezó el 25 de diciembre cuando dedicó unas palabras amables a Ricardo Monreal por defender a su amigo y colaborador José Manuel del Río Virgen, preso en el Veracruz de Cuitláhuac García. En un tuit reconoció la “integridad y calidad humana” del senador. De inmediato, por la misma vía, le llegó un aviso: “Triste, tristísimo que el señor Canciller tome partido en un conflicto interno y en defensa de un presunto delincuente. Qué pena, qué vergüenza, señor Canciller, que muestre su tamaño real”, escribió Pedro Salmerón. Menos de un mes después, el historiador fue propuesto (con el desenlace conocido) por el Presidente como embajador en Panamá, con el mutismo del titular de Relaciones Exteriores, quien sufrió una nueva sacudida cuando el 10 de enero —en plena conferencia matutina— López Obrador le enmendó la plana y, en contra de lo anunciado por la cancillería, decidió en ese momento enviar un representante a la toma de posesión de Daniel Ortega en Nicaragua. De nueva cuenta, como en tantos otros asuntos y nombramientos, Ebrard enmudeció, mostrando “su tamaño real”.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

José Luis Martínez S.


  • José Luis Martínez S.
  • Periodista y editor. Su libro más reciente es Herejías. Lecturas para tiempos difíciles (Madre Editorial, 2022). Publica su columna “El Santo Oficio” en Milenio todos los sábados.
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