El cartujo escucha a López Obrador referirse al Poder Judicial en su esperpéntico espectáculo matutino. Después de la quema en efigie de la ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Norma Piña, por una delirante horda de fanáticos, condenada con desgano en Palacio Nacional y justificada por sus adeptos en los medios, quienes echan sobre la ministra la culpa de todas las decisiones adversas a los intereses del régimen (“La quemada que le debería preocupar es la que le están poniendo sus laudos y amparos”, escribió en uno de sus cartones el Fisgón, uno de los más notables e impetuosos ideólogos de la 4T), el pasado jueves el primer mandatario planteó una vez más la urgencia de una reforma profunda al Poder Judicial, en el cual, dijo, “impera la corrupción”. Aventuró la idea de eliminar el requisito de diez años de experiencia para quienes aspiren a ocupar un cargo en ese poder (“porque entre más experiencia están más maleados, hay unos que a los diez años ya son gánsteres”) y contratar a recién egresados de las universidades, “que vienen con todo el entusiasmo de hacer justicia” y podrían hacer realidad aquello de “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”.
Más allá de si se comparte o no tal punto de vista, ojalá López Obrador hubiera hecho algo así en su gobierno y su partido: dar oportunidad a los jóvenes, propiciar un auténtico relevo generacional en vez de rodearse de tantos carcamanes (gánsteres de mil años), algunos siniestros como Manuel Bartlett, quien hace apenas unos días se burló de las viudas de los mineros sepultados en Pasta de Conchos. O absurdamente tontoscomo Ignacio Ovalle, activo desde 1966 en el servicio público, en cuya gestión en Segalmex sefraguó uno de los mayores desfalcos al erario de las últimas décadas. “Es una gente buena”, dijo AMLO para justificarlo, pero se rodeó de “puro priista de malas mañas acostumbrados a robar”.
Desde luego, hacen falta funcionarios y políticos jóvenes, eficientes y honrados, pero encontrarlos en la élite de la actual administración federal o en cualquier partido es casi misión imposible.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.