No son las camionetas de lujo, las mansiones, los ranchos, las joyas, la ropa de diseñador, los viajes a Europa en primera clase o las estancias en hoteles de cinco estrellas, nada de eso escandaliza al cartujo, curtido en el desengaño por políticos bribones, sino la incurable hipocresía de gran parte de la actual élite en el poder, convenenciera, falazmente juarista y enriquecida de la noche a la mañana en nombre del pueblo.
En estos tiempos, cuando la prensa —no los amaestrados paleros— se encuentra bajo asedio y los columnistas críticos son descalificados una y otra vez desde la tribuna de Palacio Nacional, llega la remembranza de una conferencia de Juan Villoro (disponible en línea) titulada “Literatura y democracia”, dictada en el INE en 2022.
Entre muchas otras cosas, el autor de Safari accidental recuerda a los escritores y periodistas liberales Guillermo Prieto, Vicente Riva Palacio, Ignacio Ramírez “El Nigromante” e Ignacio Manuel Altamirano; los cuatro estuvieron en el frente de batalla en momentos cruciales para el país, incursionaron en la política, ejercieron altos cargos públicos, fueron leales juaristas mas no incondicionales del Benemérito, por eso, cuando desde los periódicos criticaban a su gobierno, él respetaba su opinión.
Villoro cita algunos fragmentos de la columna “Inventario” del 18 de noviembre de 1984, en la cual José Emilio Pacheco escribe: “si en una sala imaginaria estuviera reunida toda la élite política mexicana de este momento y entraran Altamirano, Ramírez y Prieto, todos sin excepción tendrían que ponerse de pie y bajar la cabeza, ¿quién ha estado a la altura de lección ética que nos dieron?, ¿quién podría decir: pasaron por mis manos todos los millones y millones de los bienes eclesiásticos y no me quedé con un solo centavo?
“Como ministro, tuve que seguir a Juárez andando, porque no tenía ni para alquilar un caballo, para enterrarme tuvieron que vender los muebles de mi casa, ocupé todos los puestos públicos imaginables y siempre malviví de mi salario estricto y los 10 pesos por crónica que me pagaban los periódicos”. ¿Quién podría?
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.