La virtud de las audiencias

Ciudad de México /

Como lo ha dicho antes, ahora en el cabalístico martes 13 Claudia Sheinbaum dijo en Palacio Nacional: “Se tiene que garantizar el derecho de las audiencias, ya se cambió la ley para eso, para garantizar el derecho a la información, que es constitucional”. Algunas publicaciones no han sido de su agrado, las considera tendenciosas y anuncia un proceso a través del cual, “en unos meses” se tendrán todas las garantías “para que cualquier ciudadano o ciudadana” pueda reclamarle a un determinado medio: “No me estás informando adecuadamente”. Eso ya viene, reiteró, con inquietante seriedad.

¿Cuáles serán los alcances de esos cambios a la ley? ¿Se podrá protestar contra los contenidos de los medios públicos o solo de los privados? La incertidumbre surge cuando, en nombre de las audiencias, se censuran incluso programas de televisión de simpatizantes del régimen, como sucedió con el de Sabina Berman en los canales Once y 14 por haber entrevistado Eduardo Verástegui, derechista recalcitrante, lo cual no está prohibido en ninguna sociedad democrática. La conductora no se quedó con los brazos cruzados y publicó, con éxito, la entrevista en YouTube.

En una conversación con Julio Hernández López, el defensor de las audiencias de Canal 14, Lenin Martell Gámez, intentó explicar la decisión de cancelar la transmisión del programa. No pudo ir más allá de generalidades y sin tantita pena, como canta Alejandro Fernández, comentó: “Las audiencias son muy inteligentes […], con criterios propios; [pero] me he dado cuenta de que necesitan acompañamiento porque hay muchísimos conceptos que son muy importantes para aprender, por ejemplo, qué es una idea racista, cómo se van conformando los estereotipos…”.

Al escuchar al funcionario, el cartujo piensa en Monsiváis, quien en octubre de 1964 escribió en la Revista de la Universidad de México: “El Censor se ha erigido en conciencia de la sociedad, es el alma responsable que acepta el riesgo de la decisión. Al elegir por toda una comunidad, opta por el filo de la navaja entre el ridículo y el gran acierto”. A Lenin, el ridículo le va bien, por cierto.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.


  • José Luis Martínez S.
  • Periodista y editor. Su libro más reciente es Herejías. Lecturas para tiempos difíciles (Madre Editorial, 2022). Publica su columna “El Santo Oficio” en Milenio todos los sábados.
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