Maestros

México /

Las aguas del tiempo fluyen demasiado rápido en nuestros días agitados —dice Stefan Zweig en El legado de Europa (Acantilado, 2003). El cartujo recuerda la frase al escuchar la noticia de la aprobación en el Senado de la nueva reforma educativa propuesta por Andrés Manuel López Obrador, una muestra más de su inmenso poder y de la docilidad de legisladores dispuestos a complacerlo en todo, como Mario Delgado, quien, en los primeros meses del gobierno de Enrique Peña Nieto, como senador del PRD, fue entusiasta del Pacto por México y apasionado defensor de la reforma derogada. Pero, “en nuestros días agitados”, de incesante postración ante el Ejecutivo, tal vez esos hechos estén proscritos de su frágil memoria, aunque no de las hemerotecas ni de los archivos digitales disponibles en internet.

Una fábrica de incultos

En la antesala del Día del Maestro, con la nueva reforma educativa turnada a los congresos de los estados, donde seguramente será confirmada, con la CNTE fortalecida y Elba Esther Gordillo dispuesta a recuperar el control del SNTE, el monje lamenta la indefensión de los niños mexicanos, atrapados en la mezquindad de intereses políticos y económicos, víctimas de una educación deficiente, de numerosos maestros sin vocación, con frecuencia ausentes de las aulas y en ocasiones protagonistas de hechos violentos en sus mítines y marchas.

En entrevista con el periódico español El País, realizada en julio de 2016 por Borja Hermoso a propósito de la aparición de sus libros Fragmentos y Un largo sábado, George Steiner, uno de los más grandes pensadores de nuestra época, dice tajante: “Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria”. Habla de Europa, pero sus palabras pueden aplicarse sin problema a nuestro país, donde los estudiantes de todos los niveles tienen serias deficiencias en aprendizaje y adquisición de capacidades, como lo ha demostrado una y otra vez el Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (la llamada prueba PISA) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). México está en el último lugar de los países donde se aplica esa prueba, con jóvenes reprobados en ciencia, matemáticas y comprensión de la lectura. Es una vergüenza, sobre todo para quienes desde hace décadas los han arrinconado en la ignorancia: los políticos, los líderes rapaces, los maestros renuentes a la actualización y al estudio. Existen, desde luego, maestros ejemplares, dedicados y comprometidos con sus estudiantes, pero lamentablemente no son ellos quienes más llaman la atención de los gobernantes o de los medios, no son ellos los mejor recompensados en un sistema de grillos y mediocres.

Destructores de almas

En Lecciones de los Maestros (Siruela, 2016), George Steiner reflexiona sobre una “profesión” a la cual ha dedicado más de medio siglo, en diferentes instituciones y países. “La profesión de profesor —escribe— abarca todos los matices imaginables, desde una vida rutinaria y desencantada hasta un elevado sentido de la vocación. Comprende numerosas tipologías que van desde el pedagogo destructor de almas hasta el Maestro carismático”.

Existen numerosas formas de enseñanza, dice Steiner: elemental, técnica, científica, humanística, moral y filosófica, las conocemos, pero casi nunca nos ponemos “a considerar las maravillas de la transmisión”. La transmisión del conocimiento es un misterio, y un privilegio: “¿Qué es lo que confiere a un hombre o a una mujer el poder para enseñar a otro ser humano?”, se pregunta el autor de Errata: el examen de una vida. Intenta una respuesta y plantea tres escenarios sobre la relación maestro-alumno: “Hay Maestros —dice— que han destruido a sus discípulos psicológicamente y, en algunos raros casos, físicamente. Han quebrantado su espíritu, han consumido sus esperanzas, se han aprovechado de su dependencia y de su individualidad. El ámbito del alma tiene sus vampiros”. Steiner viaja por el tiempo, escarba profundo en la historia para buscar ejemplos de maestros destructores de almas. Más a la mano, entre nosotros están aquellos a quienes no les importan sus alumnos, no respetan su tiempo y dinamitan sus sueños. En un reportaje de El País sobre los resultados de la prueba PISA en México se advierte cómo, a pesar de los resultados, muchos jóvenes mexicanos anhelan convertirse en científicos. No lo lograrán mientras sus maestros estén protestando en las calles, como desde hace tantos años, sin importarles si se pierden los cursos o los muchachos, cansados, abandonan la escuela.

Existen también —dice Steiner— “discípulos, pupilos y aprendices que han tergiversado, traicionado y destruido a sus Maestros”. Y hay un tercer escenario en el cual entre el maestro y el alumno surgen el afecto y la confianza; la amistad “en el sentido más elevado de la palabra”. Estos maestros inspiran a sus alumnos a superarse, les transmiten no solo conocimientos, sino su ejemplo. Conocen su materia y lo demuestran, de ahí nace su autoridad. Pero el Maestro también aprende del discípulo “y es modificado por esa interrelación en lo que se convierte, idealmente, en un proceso de intercambio. La donación se torna recíproca, como sucede en los laberintos del amor”.

A esos maestros, comprensivos, amigables, generosos, preparados, la cofradía les rinde siempre homenaje.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.


  • José Luis Martínez S.
  • Periodista y editor. Su libro más reciente es Herejías. Lecturas para tiempos difíciles (Madre Editorial, 2022). Publica su columna “El Santo Oficio” en Milenio todos los sábados.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS