Octavio en la hoguera

Ciudad de México /
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En el esplendor de la utopía sandinista, el 7 de octubre de 1984 en Fránfort, en un largo discurso titulado “El diálogo y el ruido”, Octavio Paz advirtió: “La aspiración hacia lo absoluto —siempre inalcanzable— es una pasión sublime, pero creernos dueños de la verdad absoluta nos degrada: vemos en cada ser que piensa de una manera distinta a la nuestra un monstruo y una amenaza y así nos convertimos, nosotros mismos, en monstruos y amenazas de nuestros semejantes”. Un fragmento de ese texto encendió las hogueras de la izquierda y sus popes. Paz se refirió a las elecciones en El Salvador —un país en guerra civil—, mencionó la libertad política como una cuestión vital para los salvadoreños, extendiendo sus reflexiones a Nicaragua, criticando a quienes desde otros lugares apoyaban a la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, liderada por Daniel Ortega. Lamentó la falta de democracia en la patria de Rubén Darío y, dirigiéndose a los “escritores que publican manifiestos en favor del régimen sandinista”, preguntó: “¿Por qué aprueban la implantación en Nicaragua de un sistema que les parecería intolerable en su propio país? ¿Por qué lo que sería odioso aquí resulta admirable allá?”. Los detractores del poeta se dieron vuelo condenando sus opiniones, organizando protestas como la del 11 de octubre, cuatro días después del discurso, cuando, vociferantes, quemaron su efigie frente a la embajada de Estados Unidos.

Sobre Nicaragua las palabras del autor de Piedra de sol fueron proféticas; el sueño se volvió pesadilla y ahora el dictador y la dictadora —Ortega y Rosario Murillo, su esposa— decidieron cancelar cualquier vislumbre democrático. El 19 de julio, en la conmemoración del triunfo de la revolución sandinista, él dijo: “aquí no volverá a haber elecciones”, mientras ella lo miraba complacida. Varios países reprobaron de inmediato la impudicia; en México el ominoso silencio del gobierno y sus fanáticos enfatizan su simpatía por los demonios del autoritarismo, camuflada por la “autodeterminación de los pueblos” cuando estos son gobernados por gente de su misma calaña.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén. 


  • José Luis Martínez S.
  • Periodista y editor. Su libro más reciente es Herejías. Lecturas para tiempos difíciles (Madre Editorial, 2022). Publica su columna “El Santo Oficio” en Milenio todos los sábados.
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