M+.- ¿De cuál fumó?, se pregunta el envidioso cartujo después de revisar algunos capítulos de esa obra maestra del surrealismo mágico llamada Pueblo, (Planeta, 2026) del copresidente Andrés Manuel López Obrador, son más de 700 páginas (incluidas las notas) escritas “con rigor profesional pero no con lenguaje rebuscado ni con la jerigonza tecnocrática o de moda”.
Pueblo es una novela —chusca y en ocasiones esperpéntica— de un autor fugado de la realidad. Divierte la defensa de su hijo Andy, perseguido “injustamente” por el fantasma de la corrupción, del Suavecito Manuel Bartlett, de la reforma al Poder Judicial, de sus obras insignia, tan eficaces como los ventiladores del Conahcyt y la vacuna Patria (autorizada por la Cofepris hasta 2024). Todos sus fracasos, bajo su mirada se transforman en éxitos “en beneficio del pueblo y la nación”. Ignora la autocrítica, y es feliz en su inconsciencia.
En su apuesta a la desmemoria, sin nombrar a Hugo López-Gatell, actual becario en Suiza, en el capítulo 32, titulado “Los otros datos”, escribe: “Enfrentamos la terrible y dolorosa pandemia del covid-19 con profesionalismo, entrega, responsabilidad y humanismo para salvar vidas mediante la vacunación y la atención médica gratuita y universal, sin escatimar presupuesto”. En su febril imaginación, afirma: “se brindaron camas de hospitalización a todos los enfermos”; omite las escenas dantescas de esos días, con hospitales a reventar, la falta de insumos y equipos de protección para el personal de salud y pacientes buscando con desesperación dónde atenderse; olvida su negativa a usar cubrebocas y sus chistes malos sobre los detentes para conjurar la enfermedad, aun cuando se contagió tres veces.
Por eso vive donde vive, piensa el monje cuando lee sus elogios a los nuevos libros de texto gratuitos, elaborados “con fundamentos científicos y una dimensión humanista”, al FCE de Taibo II y a tantas desgracias más heredadas por un lurias terco en quemar incienso e injuriar a quienes lo critican, pagados —dice— por “la mafia del poder”. Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de López Obrador.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.