El miércoles 21, una reportera le preguntó a Claudia Sheinbaum sobre el mensaje de su gobierno a los inversionistas congregados en el Foro Económico de Davos. Antes de responder, la mandataria elogió el discurso en esa reunión de Mark Carney, primer ministro de Canadá. Le pareció muy bueno, “muy a tono con los momentos actuales”.
Como si fuera palero del régimen, el cartujo está totalmente de acuerdo con ella. Sin embargo se siente triste y amuinado consigo mismo: ha caído sin remedio en el pecado capital de la envidia y mira con rencor a los canadienses, seguramente orgullosos de su líder. Y cómo no estarlo cuando en vez de atrincherarse en el bienestar de su territorio, Carney asumió como un deber asistir al cónclave para encontrarse con otros líderes y reflexionar sobre los retos engendrados por la rivalidad entre las grandes potencias, lo cual ha trastocado las reglas del orden internacional. Frente a esta situación, dijo: “existe una fuerte tendencia de los países a acomodarse, a evitar problemas, a esperar que la complacencia compre seguridad”. Pero la complacencia, dijo también: “Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación”. Sus palabras cruzaron fronteras y sacudieron conciencias, aunque en el oficialismo mexicano la mayoría se mostró indiferente.
Es difícil desligar de nuestra realidad las ideas expuestas por Carney en Davos, donde fue aclamado. Una de las fortalezas de potencias intermedias (México es la economía 12 del mundo), dijo el canadiense, debería comenzar con la honestidad, un sueño cada vez más lejano en nuestra suave patria, donde prevalecen la corrupción y la impunidad y la basura ya no cabe debajo de la alfombra. ¿Dónde podría ocultarse el desprestigio de Garduño, Gertz Manero, Adán Augusto y tantos otros? Ellos forman parte de la tétrica lista de personajes encumbrados por el ladino de Palenque, solapados por el actual gobierno —por imposición o decisión propia, quién podría saberlo. Pero allí están, ensuciando, mientras el país acata —eso sí, sin subordinarse— las decisiones del gandalla del norte. Dios nos ampare.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.