Pasan los días y el cartujo sigue pensando en el mensaje de López Obrador a Donald Trump. La extracción de Venezuela de su amigo Nicolás Maduro lo hizo salir nuevamente de su madriguera para reclamarle al estadunidense su prepotencia, lanzándole al final una frase demoledora: “Por ahora no le mando un abrazo”.
Y si eso le hizo AMLO al hombre más poderoso del mundo, no es difícil imaginar cuál sería su reacción si la justicia se acercara a sus hijos, si la FGR decidiera investigarlos —solo eso— por su probable participación en el huachicol fiscal o en el desastre del Tren Interoceánico, donde la tragedia, aunque no lo quieran ver, tiene rostros y nombres, pero también responsables, por negligencia o corrupción.
Pero ya lo dijo Claudia Sheinbaum, fuerte y claro: “¿Y por qué se va a investigar a los hijos del presidente? ¿Cuál es la razón?” No hay denuncias —dice—, y si las hubiera nadie les haría caso en este país donde formar parte de la 4T garantiza la impunidad de los corsarios del bienestar, con frecuencia, además, recompensados con embajadas o consulados.
La mandataria ha expuesto esta semana los resultados positivos de su estrategia de seguridad. Para ello —asegura— se ha requerido disciplina, honestidad y respeto a la ley como algo fundamental para garantizar “la construcción de la paz”. Así se actúa ahora, enfatiza, no como antes cuando el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, “estaba vinculado con el narco”. Eso ya no sucede, y si acaso alguien recuerda a Adán Agusto López y La Barredora es solo por molestar, y si alguno sospecha de malos pasos en ciertos gobernadores, legisladores o funcionarios de La Transformación, ostentosos de su riqueza, es por pura malevolencia neoliberal.
Por eso resultan ociosas las amenazas de Trump, quien después de someter a Venezuela dice: “Vamos a empezar ahora a atacar por tierra a los cárteles. Los cárteles están controlando México”. No es cierto, quien controla el país vive en Palenque y está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para defender a la patria, en principio negándole al magnate sus abrazos.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.