De Leti Rodarte y la EsDaCont

  • Columna de Juan Noé Fernández Andrade
  • Juan Noé Fernández Andrade

Laguna /
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En mi columna del pasado sábado, anoté al final del texto era una “mala señal el nombramiento de Leticia Rodarte Rangel en la Secretaría de Cultura de Coahuila, en serio. 

El regionalismo entre Saltillo y la Laguna se acentuará. Quiero equivocarme, aunque mi experiencia personal me dice otra cosa”. Recibí diversos comentarios sobre el punto.

Contextualizo. En 2014 me invitaron a hacerme cargo, por tercera vez, del Departamento de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma de Coahuila en su Unidad Torreón. Rodarte Rangel era la titular del área en la UAdeC a nivel estatal, con paso previo como encargada de Relaciones Pública de la rectoría. 

En su momento le formulé diversos planteamientos para fortalecer el quehacer artístico y cultural y apoyar y beneficiar a la comunidad universitaria regional. 

No hubo respuesta, no hubo nada. Pasó de noche y se fue. Su personalidad circunspecta la envolvía, como hasta hoy mismo. 

El miércoles (2 de septiembre), acudí al Museo de la Revolución (Mexicana) a una rueda de prensa que la señora Rodarte encabezaría, junto con el director del Instituto Municipal de Cultura y Educación, Antonio Méndez Vigatá. Ambos leyeron sus apuntes respecto al tema que anunciaron. 

Después, la señora Rodarte atendió a los reporteros. La escuché atento y, en efecto, comprobé esa su personalidad. Me esperé para entrevistarla.

Al acercarme, en primera instancia no me reconoció. Instantes después ya le hice las preguntas en torno a sus planes, proyectos, presupuesto… Le dije que Saltillo siempre se queda con la mayor tajada de todo en todo. “Mmjú, mmjú”, le escuché como expresión gutural. 

Me miraba fija, con ese rostro indescifrable.

-¿Se va a descentralizar la vida cultural en Coahuila?

-Claro, esa es una visión que tenemos de poder llegar a todos los municipios, de empezar a trabajar poco a poco con lo que tenemos, empezar a dar resultados y que el gobernador vea que empieza a movilizarse hacia el interior del estado.

-¿Cuándo vamos a ver en Coahuila que, así como se promueve y mucho la inversión privada y que llegan empresas de fuera, una gran fiesta cultural como la Guelaguetza en Oaxaca o el Cervantino o la FIL de Guadalajara…y no solo actividades de los libreros, o del teatro… algo que involucre a todos los sectores sociales.

-Yo creo que poco a poco tenemos que ir construyendo, precisamente. 

No es fácil, de la noche a la mañana poder empezar, pero la visión está ahí. 

Podemos hacer mucho trabajo conjuntamente, primero con cada una de las regiones y después empezar programas que puedan ser constantes y globales. Estamos en el diagnóstico.

-¿Con qué presupuesto trabajará?

-Ehhh, la verdad apenas estoy sentándome con esto. Hay muchísimas áreas que tengo que revisar, pero estamos trabajando con lo que tengamos y vamos a ser creativos.

Con Leti Rodarte me pasó lo que nunca antes en mis muchos años de reportero. No hubo predisposición de mi parte, pero me topé con una funcionara difícil de entrevistar. 

No se sale del librito, del guion, del oficialismo ni desde el mismísimo saludo al abrir la rueda de prensa: “Reciban un caluroso saludo del…”.

El diálogo no fluye, las respuestas son repetitivas, huecas. 

El azar me mostró su dominio incuestionable e indiferente sobre la vida cultural de Coahuila, no se puede enjuiciar porque permanecemos en el péndulo entre lo oficial y las acciones. 

La tecnocracia presente.

Cuando minutos antes declaró que “la cultura es un derecho para todos y es por eso que nos vamos a dar a la tarea de llegar a todos los rincones de los municipios de nuestro estado”, sin querer adujo que ni en Torreón hay un trabajo cultural y por ello la tarea, ahora, de llegar a los 38 municipios del estado. ¿Será? ¿Cómo? ¿Por fin habrá una política estatal en la materia? 

¿Pedirá un presupuesto que la respalde? ¿Exigirá que no haya gente metida a fuerza en la nómina de la Secretaría de Cultura? ¿Pondrá su interés en el medio artístico y cultural más allá de Saltillo? …/

Post: En Torreón, el diferendo entre las direcciones del Instituto Municipal de Cultura y Educación (IMCE) y la Escuela de Danza Contemporánea ha guardado silencio. 

Si acaso es para solucionar el problema que preocupó a las y los jóvenes de nuevo ingreso y sus familias, excelente idea. 

Si no, es preocupante que, siendo instancias públicas, no informen ni aclaren en qué estatus se encuentra lo que llamó la atención. 

De hecho, y si bien en la política (válgase el ejemplo) la última palabra la tiene el alcalde, hay un Consejo de Cultura y Educación del IMCE, del que poco se sabe y se sabe mal, tampoco se ha pronunciado. 

Se podría decir que nadie, fuera del exclusivo jet set, sabe quiénes lo conforman y debe velar, en serio, porque haya una política cultural institucional sólida. 

Para el público que ignora quiénes son, aquí están: 

María del Socorro Aguilera Pérez, Berenice Herrera Salas, Edurne San Sebastián Belausteguigoitia, Edgar Salinas Uribe, Mariana Chabukiani, María Isabel Saldaña Villarreal, Luis Fernanda Villegas Camil, Alberto Salas Cepeda. 

Y, obvio, el alcalde, un regidor y el director del IMCE.

En su última sesión ordinaria del 27 de julio, por mayoría de votos dicho consejo se pronunció por la reestructuración administrativa y académica de la EsDaCont, salvo la postura de la reconocida pianista de la Camerata de Coahuila, Mariana Chabukiani, quien avaló el alto rendimiento artístico y académico del alumnado del plantel, y mejor propuso que haya acciones encaminadas a fortalecer a la Escuela Municipal de Danza Contemporánea. 

Cabe la pregunta: ¿quién de entre los consejeros del IMCE es del conocimiento académico, artístico y profesional del que acumula la aplaudida doctorada en piano?

Nuevamente recuerdo cuando, siendo alcalde la primera vez, el mismo Miguel Ángel Riquelme me dijo: “Es más fácil arreglar las cosas con la oposición que con los artistas”.

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