FILC en Torreón, ‘habemus libros’

  • Columna de Juan Noé Fernández Andrade
  • Juan Noé Fernández Andrade

Laguna /

Cierto, Coahuila es un estado donde la tasa de analfabetismo es de las más bajas de México, y abarca entre el 1.2 por ciento y el 1.4 por ciento, al menos entre la población mayor de 15 años, según información recabada para esta columna con datos incluso a lo que va del año 2026. 

Lo anterior significa que alrededor de 38 mil de esas personas no saben leer ni escribir, lo que en la media nacional destaca, pero que no deja de ser un lastre. 

Y como tal, es un reto tanto para el actual gobierno estatal como para los 38 municipales.

No debemos bajar los brazos o voltear a otro lado que no sea el enfrentar, con inteligentes políticas públicas y haciendo jalón con la poderosa iniciativa privada coahuilense, la lagunera incluida, esto que sí es un problema social y que, como siempre en la historia, le pega a los más vulnerables.

En redondo, habitamos la entidad más o menos 3 millones 200 mil individuos, de los que poco más del 50 por ciento son mujeres. 

Del total, 38 mil seres humanos en el estado no leen ni escribe. Triste su historia y una asignatura pendiente por aprobar las autoridades.

No, no hay un estado ideal, como tampoco una ciudad o un municipio que haya abatido rezago: el analfabetismo. 

Y remarco analfabetismo porque éste “toca” diversidad de aspectos en la vida personal, y nos abarca y nos aprieta. 

El principal es el analfabetismo absoluto, pero también hay el funcional, y ahora el digital y el tecnológico, y no faltan el cultural y moral, o aquel que es el de desuso (la pérdida de habilidades, entre otras el leer y escribir).

Quepa esta reflexión para enmarcar la importancia, o más bien lo relevante de que por segundo año consecutivo Torreón tenga, ahí sí y hay que reconocerlo, por voluntad del gobierno del gobernador Manolo Jiménez, la Feria Internacional del Libro Coahuila 2026.

A propósito de lo arriba escrito, cito lo expresado por la secretaria de Cultura, Esther Quintana: “La escasez de libros en miles de hogares y de escuelas dificulta enormemente la labor básica de alfabetización que deben desarrollar los docentes. 

No tener al alcance libros impresos, es uno de los factores que retardan el alcance de la lectoescritura. Esto a su vez, retarda otros aprendizajes y desarrollo de niveles de pensamiento elevados”.

En ceremonia inaugural, en la que no estuvieron ni el mandatario estatal ni el alcalde Román Cepeda en el Centro de Convenciones, lo narrado por quienes hicieron uso de la palabra, rescataron para los presentes y para el resto de la sociedad, esa necesidad de leer, de comprar, pedir prestados o hasta robar libros para meternos en el alma y en el pensamiento nuevas ideas que nos lleven a reconfigurar nuestra mente, sometida inmisericorde a la falsedad, la mentira, el engaño y la simulación.

La Feria, para que cumpla su objetivo más elevado como lo es, creo yo, fomentar el hábito de la lectura, podrá convertirse en un asidero y, por qué no, en un bastión para desterrar la ignorancia aún en sus más disímbolas perspectivas sociales y políticas, incluida la abulia, el desinterés y la falta de una mayor y mejor conciencia. 

Leer, es un acto directo contra la ignorancia, y si es así, nos convertirá una sociedad que pueda presumir vivir en un estado modelo en todo.

La FILC 2026 es, reflexiono, una batalla cultural, es un acto contra la barbarie política que nos abruma y nos arrolla con engaños y promesas jamás cumplidas y siempre categorizadas.

A la FILC, que le deseo una larga vida y permanencia y que ojalá pronto la lleven a otros municipios, tendrá que ser, por necesidad, una fiesta del pensamiento, de la libertad de expresión sin censura ni obstáculos, en la que expositores, participantes y público de todas las edades y condiciones sociales y económicas encontremos y nos vinculemos a ese gran derecho humano prioritario como es la educación y la cultura. 

La Feria Internacional del Libro Coahuila 2026 tiene que influir de manera decisiva en la sociedad lagunera, quebrantar sus repetitivos marcos culturales, morales y hasta estéticos que, ni cómo negarlo, provocan la inmovilización de la conciencia política.

Vayan, pasen, entren, es gratuito recorrer los pasillos, observar la oferta libresca, las presentaciones de libros, los talleres, saber qué editoriales se la juegan en un mercado de libros que casi llega a los cien millones vendidos por año y que ubica a México como el más importante en rentabilidad, por arriba ya de Argentina, y con precios más accesibles que los establecidos en España (país invitado).

Deseemos que en 2027 el dato sobre el analfabetismo desaparezca, y esto pueda ser atribuido, entre otras razones, a la buena acción de traer a Torreón la Feria Internacional del Libro.

Y como sintetizara Paola Rodríguez, presidenta del DIF Coahuila, que la FILC acerque más la cultura, el arte y la lectura a más familias.

Habemus libros, tenemos lectores.

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