¿Les suena la palabra gentrificación?
En la ciudad de México tuvo un momento mediático para desnudar el problema que explotó en cuanto a la vida urbana en la que barrios enteros, populares o tradicionales, perdían o perdieron su esencia y rostro a raíz de la llegada de nuevos residentes y mayor poder adquisitivo, lo que disparó el costo de las rentas y servicios, con el consabido desplazamiento de los habitantes iniciales.
La era de los nómadas digitales los golpeó y todo podría o puede sustituirse por lo que sea, pero que sea un gran negocio.
Por diversos contactos me entero de que en Torreón, en su desatado afán de “desarrollo y crecimiento”, vive una versión más moderna del despojo y coloniaje de enormes superficies de tierra para dar cabida a empresas, fraccionamientos, hoteles y negocios de múltiples giros.
Consulté con estudiosos de la historia de la región, en este caso de la ciudad, y sí, opinan lo mismo: que hay una desenfrenada compra –por la buena o por la mala, con triquiñuelas legaloides, e incluso hasta el asesinato- de grandes extensiones de tierras ejidales para fincar esos proyectos inmobiliarios.
Aclaro que no anotaré ningún nombre, ni de los afectados ni de abusones, para no herir a familias ni a la historia que cada quien decida creer.
Me he preguntado cómo es que la tierra que habitaron aquellas tribus en la región (irritilas, caviseras, yanabopos, salineros, entre otras), fueron acaparadas por latifundistas y terratenientes, quién les vendió, dónde están esos documentos que detallen tal información, cuánto pagaron. ¿Está legalizado lo ilegal desde entonces?
La llegada de españoles y otros extranjeros dio paso a ese proceso transaccional que aún no termina, y que ahora tiene visos también de invasión. Parte del avasallamiento de la Corona Española.
Sin embargo, la lista de conflictos por la posesión de predios, de casas, de parcelas ejidales, y hace ya tiempo también del agua, es larga.
No quisiera creer que es en represalia, desquite o reacción tardía por los repartos agrarios tanto de Benito Juárez (benefició a más de 350 familias matamorenses en 1864), como de Lázaro Cárdenas (234 mil hectáreas en1936), medida que dotó a campesinos y veteranos de la Revolución de tierras para trabajar en distintos usos.
Acompañados de desinformación, ignorancia, pobreza, falta de educación, engaños y mentiras, los campesinos laguneros se convirtieron en propietarios de esas tierras a través del ejido, sin imaginarse ni suponer que con el paso de los años las perderían.
Ejemplos de lo expuesto han quedado imborrables en la prensa regional. Desde lo ocurrido en el Rancho de Ana, donde la venta ilegal de 86 hectáreas fue aprovechada para levantar conocidísimos fraccionamientos residenciales en ese sector de Torreón.
El pleito legar ya lleva casi 15 años, en una operación realizada contra la voluntad de los ejidatarios del lugar.
La corrupción, el dinero, la apatía, la impunidad… ¿las denuncias de estos ilícitos no corresponde atenderlos al Tribunal Agrario? ¿Y el estado de derecho y respeto en Torreón y en Coahuila? ¿Y la bola de diputados locales y federales de cada partido qué hace?
Esas tierras, según información recabada, fueron “vendidas” a 30 pesos el metro cuadrado.
¿A cómo venden hoy las casas que ahí anuncian con bombo y platillo?
Hay datos que muestran que, incluso, en la zona ejidal conurbada a la ciudad, los empresarios desarrolladores de lo que sea: fraccionamientos, hoteles, clubes deportivos, el mismo Centro de Convenciones de Torreón, el metro cuadrado lo han pagado ¡a 20 pesos!
Y venden a millones ya construido. El mismo esquema es para el rumbo del Paseo del Tecnológico y el bulevar Mieleras, en donde los mandones construyen de acuerdo a las necesidades de quienes desean establecerse y les cobran como renta sin venderles nunca lo que están pagando,
Negocio redondo y en extremo lucrativo.
No se puede olvidar el caso del ejido Zaragoza, donde se presumen el parque Mieleras y el Ferropuerto.
A base maniobras turbias por parte de “conocido” empresario, el despojo se concretó hasta el asesinato del comisariado ejidal. Como tampoco de Nuevo Mieleras, donde hubo otro asesinato.
Y en tribunales, la superficie también donde fue levantado el famoso Territorio Santos Modelo (con aportación de 100 millones de pesos del gobierno priísta de Humberto Moreira y 20 millones más del alcalde José Ángel Pérez, entonces panista).
A decir de mis entrevistados, la compra de metros tierras ejidales no solo es en extremo desventajosa sino que lleva a esa gente a vivir casi en la miseria, allá, más allá de precarización, que es algo que no ven en la administración municipal de este Torreón que “Siempre puede más”.
En el centro de la ciudad, un grupo de notarios está comprando propiedades por debajo de los valores catastrales y multiplican muy muy arriba su valor al momento de rentar o revender.
Así las cosas en este asunto. Aplíquese el término gentrificación en la Laguna desde hace más de 400 años.